ANáLISIS

El dolor de la cartera para combatir las enfermedades

El dolor de la cartera para combatir las enfermedades
El dolor de la cartera para combatir las enfermedades

Nuestro país tiene importantes éxitos en materia de seguridad y de salud, como la adopción del uso de los cinturones de seguridad en los automóviles y la reducción en el consumo de productos de tabaco, que convirtió a Panamá en el país con menos prevalencia de su consumo en el hemisferio.

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Fijan un impuesto a las bebidas azucaradas

Ambas hazañas tienen en común que apuntaron a la cartera más que a los hospitales y a las medidas educativas. El no uso de los cinturones de seguridad venía casado con una cuantiosa multa, y el consumo de cigarrillos carga un fuerte impuesto. Ahora, le toca el turno al azúcar.

En distintas partes del mundo se han adoptado prohibiciones y desincentivos para el consumo de bebidas azucaradas con el propósito de disminuir las horribles tasas de obesidad infantil, caries, diabetes juvenil y, por supuesto, un largo listado de enfermedades no transmisibles en la edad adulta.

La Organización Mundial de la Salud recomendó en el año 2016 que los países debían aplicar un impuesto mínimo del 20% a las bebidas azucaradas para reducir su consumo en igual proporción.

Siendo Panamá como es, la Ley 114 de 2019 establece un impuesto de 7% a las bebidas gaseosas, 5% para el resto de las bebidas azucaradas y de 10% para los siropes o concentrados que, a su vez, sirven para preparar bebidas azucaradas.

El dinero producido por este impuesto tiene como destino una lista de navidad de instituciones que incluyen la Caja de Seguro Social, el Instituto Oncológico Nacional, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación, los programas de las Clínicas del Paciente Diabético del sector público a nivel nacional, el Ministerio de Comercio e Industrias, y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario.

Aunque muy loable y valioso el destino del financiamiento, nada se hace para abaratar los costos de los alimentos sanos en Panamá. A pesar de que la Ley 114 de 2019 establece una Comisión para el Mejoramiento de la Salud, con 11 entidades participantes, no se destaca el tema de la dificultad del panameño común para obtener y preparar una buena dieta.

En otros países, los fondos de estos impuestos han sido utilizados para el desarrollo de centros comunitarios en los que las personas pueden hacer ejercicios y aprender a comer sano. En algunas partes de Estados Unidos, los fondos sirven para mejorar la calidad de las comidas en las cafeterías escolares. Hay otros países que subsidian la comida sana.

En Panamá, todavía queda mucho por hacer en materia de bebidas azucaradas, grasas saturadas y sal, y sus regulaciones. Por ejemplo, una visita al pasillo de los supermercados donde están ubicadas las bebidas azucaradas muestra muchos colores brillantes, empaques atractivos y fáciles de usar. En cambio, la sección de alimentos sanos es aburrida, da pereza. En muchos establecimientos hay que hacer demasiado esfuerzo para localizar el área de alimentos bajos en azúcar.

Estas categorías de alimentos “chatarra” todavía pueden recibir más impuestos y someterse a restricciones de publicidad, como las del cigarrillo. Los nuevos fondos obtenidos deben ser dedicados a promover y facilitar dietas sanas, menos sedentarismo y un mayor acceso a controles médicos regulares. Obtener una cita con un endocrinólogo en el sistema público puede tomar más de seis meses. Eso es imperdonable.

Al final de todo, está visibilizado para los interesados que el camino más rápido para cambiar conductas de los consumidores y provocar una modificación de las prácticas empresariales es por vía de los impuestos y las prohibiciones, como las de las bolsas plásticas, que en apenas unos meses acabaron hábitos y costumbres establecidas por años.

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