Hace dos años, el modelo de China para contener la pandemia de la enfermedad Covid-19 recibía elogios.
Ahora, el escenario epidemiológico del gigante asiático es diferente en comparación con el de países de Europa, pues se enfrenta a la variante Ómicron empleando la política “Cero Covid”, mientras que otras naciones conviven con el virus SARS-CoV-2 y relajan las medidas de control iniciales.
China, que se había protegido muy bien contra la pandemia luego de controlar el surgimiento de la variante original en Wuhan, sufre su peor brote desde entonces, debido a la circulación del sublinaje BA.2 de Ómicron.
Como si no hubiese transcurrido el tiempo, el país, al mando del presidente Xi Jinping, ha optado por repetir la misma estrategia para frenar el avance de Ómicron, confinando desde el pasado 1 de abril a 25 millones habitantes de Shanghái, la urbe más grande de China, a cuestas del impacto social y económico que trae consigo la decisión.
La agencia de noticias AFP reportó que Shanghái ha sido sometida a algunas de las medidas más severas desde que el virus apareció por primera vez en 2019 en Wuhan, con un confinamiento estricto que dificulta comprar comida y llevó a miles de personas a centros de cuarentena.
Las medidas han ocasionado desesperación y descontento entre los ciudadanos, que viendo la importante alza en los precios, la escasez de alimentos y unas “intolerantes” medidas contra la libertad, salieron a las calles durante el pasado fin de semana en protesta contra el gobierno chino.
Ante este escenario, las autoridades en Shanghái comenzaron el pasado 11 de abril a relajar el estricto confinamiento por el nuevo brote de Covid-19. Ahora podrán salir de casa aquellas personas que vivan en áreas donde no se hayan registrado casos en dos semanas.
Las autoridades indicaron que clasificarán las residencias de la ciudad en tres niveles en función del número de infecciones.
Las “medidas de prevención y control diferenciadas” reflejarán las “circunstancias reales” sobre el terreno, dijo un funcionario de Shanghái, Gu Honghui.
Las personas que se encuentran en “zonas de control cerradas” o “zonas de gestión controlada” seguirán confinadas en sus casas o limitadas a sus residencias. En tanto, las personas en las comunidades residenciales donde no se registre ningún caso en los últimos 14 días podrán salir de sus casas.
Los datos de Our World in Data muestran que en China, un país de mil 400 millones de habitantes, el pasado 12 de marzo se reportaron 23 mil 164 casos de Covid-19, de los cuales mil 190 casos correspondían a Shanghái.

El problema es que esta política de “Cero Covid”, que funcionó como medida de emergencia para frenar la Covid-19, puede no ser tan eficaz contra el sublinaje BA.2 de la Ómicron, que es unas cinco veces más transmisible que la variante original de Wuhan.
En ese sentido, el secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Eduardo Ortega Barría, manifestó que China no puede frenar esta variante con las medidas tradicionales implementadas con las otras variantes: deben cambiar la estrategia.
Añadió que la política de “Cero Covid”, que tenía como intención evitar la infección y la enfermedad, en este momento los deja vulnerables porque no tienen una inmunidad por infección alta, que es uno de los factores que combinado con la inmunidad que genera la vacuna, ayuda a tener una mayor protección.
Otro factor en contra de China es que tiene un bajo porcentaje de vacunación de los adultos mayores de 70 a 80 años, el cual no llega a más de 50%, indicó Ortega Barría.
Además, dijo que utilizan vacunas inactivadas que no son altamente inmunogénicas y no tienen la eficacia que han demostrado las vacunas de ARN mensajero.
China tiene dos vacunas autorizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para uso de emergencia: Sinopharm y Sinovac. Ambas usan virus inactivados para provocar una respuesta inmune en el paciente, un método de vacuna probado y comprobado.
Menos medidas, pero la pandemia continúa
Mientras China enfrenta el desafío de Ómicron, en países de Europa, pese a la presencia de la Covid-19, el pasado 1 de febrero Dinamarca se convirtió en el primer país en levantar todas sus restricciones sanitarias, estimando poder hacerlo por la elevada cobertura vacunal y la menor gravedad de la Ómicron.
En Italia, el Consejo de Ministros aprobó que desde el 11 de febrero se podría estar de nuevo sin mascarilla al aire libre. Sin embargo, se mantiene el uso de cubrebocas en los lugares cerrados como restaurantes, cines, teatros, gimnasios y en los transportes públicos, donde además será obligatorio emplear mascarilla tipo FFP2, que garantizan mayor protección.
En ese contexto, Francia levantó el 14 de marzo la mayor parte de las restricciones para luchar contra la pandemia, entre las que figuraba la mascarilla en interiores, aunque también mantiene excepciones, ya que se conserva en transportes públicos y centros médicos.
El epidemiólogo y especialista en salud pública Arturo Rebollón manifestó que la situación que se está originando en China no debería afectar a Panamá, que mientras no surja otra variante la situación está controlada.
Además, planteó que la estrategia que llevó adelante China de “Cero Covid” es muy diferente a la que se llevó a cabo en otros países en donde la estrategia se enfocó en vacunar al mayor número de la población.
Por otro lado, el Comité de Emergencia de la OMS advirtió ayer que la pandemia continúa siendo un peligro para la salud en medio de un contexto matizado por la relajación de las medidas restrictivas.
El director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que el Comité de Emergencias (órgano compuesto por científicos independientes) recomendó no cambiar el nivel de alerta en relación con la Covid-19 en vista de que el virus sigue transmitiéndose de forma intensa y su evolución es imprevisible.
Agregó que se debe continuar con los esfuerzos para que vacunas, tratamientos y otras herramientas desarrolladas para enfrentar la pandemia sean distribuidas de manera equitativa entre los países y dentro de ellos.

