EDUCACIÓN. CONVERSATORIO EN LA SALLE

Una dosis valiosa de ética

En el Colegio La Salle los graduandos firmaron ayer un documento que los compromete a mantener los valores de la ética y la moral.

Una dosis valiosa de ética
La exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia Esmeralda Arosemena de Troitiño se dirige a los estudiantes lasallistas.

Si no fuera por la delgada blancura de su tez teñida de rojo, la imagen de Cristo pegada a una cruz color chocolate se confundiría con la pared de madera machimbrada donde reposa, la cual cubre el escenario del aula magna del Colegio La Salle.

Allí, en el centro, teniendo a sus pies la mesa principal de un evento organizado ayer por la Fundación Panameña de Ética y Civismo, que dirige Luis H. Moreno, la efigie fue testigo mudo del compromiso de 133 estudiantes graduandos que, firma de por medio, se comprometieron a mantener la ética como un compromiso con el país.

Vestidos con sus uniformes celeste y blanco, la mayoría acudió a la cita luciendo un abrigo azul con mangas blancas, en cuya parte posterior resaltaba el número 16, y más abajo sus nombres o, en algunos casos, sus sobrenombres.

“Tipito, Shyno, Chiqui, Ma Papa, Guita y Valeria”, se leía en algunos de los abrigos.

Justo en el momento en que el sol trataba una vez más de colarse por entre las cortinas que cubren los ventanales del aula magna lasallista, el reloj avanzó hacia las 7:55 a.m., empezando la jornada, que prometía ser productiva.

VALORES

Esmeralda Arosemena de Troitiño, exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia y actual miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, fue la primera en hacer uso de la palabra, invitando a los jóvenes a “conectarse” con los valores éticos y morales, indicándoles que “la patria lo necesita”.

Desbordando entusiasmo, reiteró que la ética se requiere en todos lados, pues es la única manera de ser solidarios con el prójimo.

Arosemena de Troitiño hizo hincapié en que, junto a la educación, en el país se necesita más formación, para garantizar la fortaleza de los ciudadanos en cuanto a su desarrollo y desenvolvimiento en cualquier ámbito de la sociedad.

Sostuvo que no se debiera tener la necesidad de hablar de ética, pues esa debe ser la regla que rija la vida de los residentes en el país.

“Amor, solidaridad, son conceptos que definimos, pero que deben servir para construir una mejor nación”, apuntó, mientras instó a los jóvenes a elaborar sus propias listas de valores.

Temiendo tomarse más minutos de los que le habían otorgado, Esmeralda Arosemena de Troitiño terminó su exposición, e inmediatamente los aplausos de los graduandos no se hicieron esperar.

Acto seguido, le tocó la oportunidad a Guillermo Márquez Amado, exmagistrado del Tribunal Electoral, quien en tono coloquial confesó ante los estudiantes que él también se había copiado en clases, y que también en algún momento de su vida dijo mentiras.

“Pero me arrepentí de todo eso, pues yo me engañaba”, reiteró.

Adujo que la juventud debe tener derecho a proyectarse en el futuro y aspirar a tener buenas casas, carros, trabajos, pero que todo esto hay que hacerlo “con una dosis importante de ética”.

Las motivaciones sanas de la juventud, prosiguió, no los debe llevar a transgredir las normas de la sociedad, pues todo se puede conseguir por el camino de la ética y el decoro.

¿POLÍTICA?

La jornada llegaba a su fin cuando al moderador del evento se le ocurrió preguntarle a los muchachos: ¿Quiénes se ven en un futuro como diputados, presidentes, ministros?

En ese instante, el murmullo recorrió la sala, algunos reían, otros se miraban con cierta incredulidad, y solo 4 estudiantes de los 133 alzaron la mano.

El resto, tímido, no se atrevía a exteriorizar sus convicciones, hasta que uno en cuyo abrigo se leía Díaz- G se adelantó, diciendo que “no solo desde un cargo público se sirve a la patria. Hay otras posiciones donde podemos ser más productivos”.

Allí, la contenida algarabía juvenil explotó.

A Díaz-G le siguió la otrora mayoría silenciosa, señalando que no veía la política como una opción para su futuro profesional.

Las horas fueron pasando y, aunque todos seguían atentos, Chiqui sacó tiempo para tomarle sigilosamente una foto a Ma Papa, quien sonriente miraba el lente de la cámara fotográfica.

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