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COVID-19

El agujero de la ciencia en Panamá: el bajo presupuesto

Todos los años, el Gorgas y la Senacyt enfrentan el reto de lograr un presupuesto que les permita seguir con los proyectos de investigación científica y desarrollo de tecnologías.

El agujero de la ciencia en Panamá: el bajo presupuesto
Para González Santamaría la pandemia ha demostrado la importancia de la ciencia y la tecnología. Archivo

La pandemia de la Covid-19, que es transmitida por el virus SARS-CoV-2, que emergió en la ciudad Wuhan, en China, en diciembre de 2019, ha recordado al mundo la fragilidad del ser humano y la importancia de invertir en sectores prioritarios, como la ciencia.

En Panamá, la inversión en la ciencia es baja, y entidades dedicadas a su desarrollo, como el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) y la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), anualmente afrontan la realidad de trabajar con un presupuesto insuficiente.

Entre ambas instituciones el presupuesto no sobrepasa los $100 millones por año, como consecuencia de recortes que se efectúan cuando sustentan sus presupuestos para funcionamiento e inversión en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional. (Ver tabla).

El director del Icges, Juan Miguel Pascale, solicitó para 2020 un presupuesto de $46.5 millones y recibió $19.6 millones. Además de que requiere presupuesto para sus investigaciones, el Icges tiene planificada, desde hace ocho años, la construcción del nuevo campus Gorgas, valorado en unos $186 millones.

Cuando el exdirector Néstor Sosa pidió para 2019 $39.3 millones, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) le recomendó $28.6 millones. El MEF no le quitó más, porque había que atender compromisos ligados precisamente a la construcción del nuevo campus. Ese ha sido el presupuesto más alto de la entidad en los últimos tiempos, ya que hace 10 años era de $5.6 millones. (Ver tabla).

La historia de la Senacyt –una entidad creada para fortalecer, apoyar, inducir y promover el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación– no es diferente de la que enfrenta el Gorgas, ya que por año sus recursos no superan los $60 millones.

Incluso en 2016, el entonces secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, Jorge Motta, tuvo que negociar un mejor presupuesto para la entidad con el MEF y el Ministerio de la Presidencia, ya que se lo querían reducir en un 8%.

Dinero insuficiente

La baja asignación de presupuesto para investigación y desarrollo (I+D), así como para la ciencia, ocurre a pesar de que en los últimos años Panamá ha sido un país con un crecimiento anual de su producto interno bruto (PIB) cercano al 7% .

Datos de la Senacyt indican que el gasto del país para la investigación científica y desarrollo de tecnologías representa el 0.16% del PIB.

El secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, Víctor Sánchez Urrutia, manifestó que Panamá es un país que se encuentra en un período de expansión económica, y que las actividades de investigación y desarrollo y la ciencia necesitan de un esfuerzo sostenido para las próximas décadas.

Sánchez Urrutia reconoció que Panamá es uno de los países de América Latina con menos inversión en términos relativos comparado con su PIB; dentro de este contexto, el gasto en I+D se mantuvo estable, alcanzando el 0.16% del PIB para el año 2017.

Mientras, la vecina Costa Rica apuesta el 0.43% de su PIB para estos menesteres; Colombia, el 0.24%, y Estados Unidos, el 2.79%, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Para este año, la Senacyt tiene un presupuesto modificado de $55.6 millones, de los cuales $48.9 millones son para inversión y $6.7 millones para funcionamiento.

Sánchez Urrutia adujo que el presupuesto de este año está al nivel de los aprobados por ley en los últimos años, y explicó que los presupuestos finales pueden variar por razones fiscales, como la contención del gasto que se realizó el año pasado.

De acuerdo con Sánchez Urrutia, el presupuesto de ciencia no ha sido el adecuado históricamente en nuestro país. El promedio latinoamericano es 0.64%, el cual, remarcó, tampoco es aceptable, ya que considera debería triplicarse.

“Realmente, deberíamos aspirar a más de lo que países de nuestro continente hacen. Latinoamérica, como región, es notoria por su baja inversión en educación, salud y ciencia, y desgraciadamente la pandemia ha puesto en evidencia estas falencias”, apuntó.

El Plan Nacional Uniendo Fuerzas, del presidente de la República, Laurentino Cortizo, plantea elevar la inversión pública en ciencia, innovación y tecnología, teniendo como meta un 1% del PIB para 2024.

Falta de visión

José González Santamaría, científico del Gorgas, afirmó que a los políticos les ha faltado visión sobre la importancia de la ciencia, y que tampoco se comprende el hecho de que aquellos países que alcanzan un desarrollo sostenible y más equitativo lo hacen, en gran medida, por su fuerte inversión en ciencia y educación.

Consideró que la pandemia ha demostrado la importancia de la ciencia y la tecnología para responder a los problemas más complejos, y que la población en general comienza a valorar el papel de la ciencia en la sociedad de manera tangible.

De esta manera, indicó González, creo que la misma sociedad apoyará y exigirá para que los presupuestos de inversión sean incrementados.

“No obstante, soy escéptico de que los políticos reconozcan la importancia de mejorar la inversión en ciencia en el país tras la pandemia”, subrayó.

Jorge Motta, exdirector del Gorgas y exsecretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, advirtió de que hay que empezar a estar claros en que el apoyo a la ciencia significa dotar a las escuelas, desde los centros parvularios hasta el ultimo año de secundaria, de excelentes recursos: maestros, profesores, insumos de aprendizaje y laboratorios, para levantar el nivel de conocimiento y amor a la ciencia de las futuras generaciones.

También significa, añadió, contribuir a que las universidades tengan excelentes profesores, investigadores y laboratorios de enseñanza e investigación.

Motta enfatizó en que se debe proporcionar presupuesto para que los investigadores, no solo aquellos involucrados en las ciencias asociadas a salud pública, sino también a aquellos vinculados en los otros campos, puedan llevar a cabo sus proyectos de investigación y que algunos de estos puedan ser convertidos en productos innovadores.


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