El presidente Laurentino Nito Cortizo no solo enfrenta el reto de aplanar la curva de contagios por el nuevo coronavirus.
Además tiene el desafío de sacar la vacuna para erradicar cualquier amago de corrupción que se geste en las compras de la pandemia. La curva de reclamos llegó al pico la semana pasada por cuestionados contratos para adquirir insumos médicos.
El hecho afloró las tensiones en el palacio de las Garzas, y puso al vicepresidente de la República y ministro de la Presidencia, José Gabriel Carrizo, en el centro del debate. Anoche, miles de personas sonaron pailas en la capital para exigir la renuncia de Carrizo.
Las semanas pico del presidente Cortizo
El nuevo virus no solo ha puesto a prueba la capacidad del sistema sanitario para enfrentar la pandemia, sino también la destreza del Ejecutivo para sortear políticamente una crisis.
La renuncia del funcionario que gestionaba las compras para la pandemia, que dependía directamente del vicepresidente de la República José Gabriel Carrizo, los más de 50 cierres de calles en reclamo por las ayudas económicas, la presión de los diputados por la sanción de una ley general de moratoria, incluso, la aclaración de la Presidencia de que la ministra que lidera el equipo que lucha contra la crisis se mantiene en su puesto, evidencia a un Ejecutivo acosado.
A ello hay que agregar, los cuestionamientos de los principales líderes de los partidos políticos, y la persistencia de los que solicitan una reapertura económica gradual ante el rápido deterioro de la situación social, especialmente de los empleos. Y en medio de todo, la drástica caída de ingresos de más del 40% producto de la pandemia.
Forcejo y tensiones
Gobernar en tiempos de coronavirus también requiere de forcejeo político al más alto nivel. Y Laurentino Cortizo, el presidente número 38 de Panamá, el hombre de 67 años que volvió a poner al Partido Revolucionario Democrático (PRD) en el palacio de Las Garzas después de 10 años en “invierno” político, por estos días no solo enfrenta el reto de aplanar la curva de contagios, sino el de buscar la vacuna para erradicar cualquier amago de corrupción que se pueda gestar con las compras de la emergencia.
La curva de reclamos llegó al pico la semana pasada por el ruido que hicieron cuestionados contratos para adquirir insumos médicos. Uno de ellos, el de la compra de ventiladores con sobreprecio, hecho que ocasionó la salida del hasta ese momento desconocido Juan Carlos Muñoz, viceministro de la Presidencia. Este capítulo puso la mirada en el hombre responsable de manejar los fondos de la pandemia: el vicepresidente y ministro de la Presidencia José Gabriel Gaby Carrizo.
Con Muñoz fuera de palacio, se gestó un movimiento que los estrategas políticos del Ejecutivo no vieron venir. La ciudadanía empezó a pedir la renuncia de Carrizo: #Gabyrenuncia, se lee en redes sociales.
Voces dentro del propio PRD, como la del expresidente Ernesto Toro Pérez Balladares, reprocharon el asunto argumentando que pedir la salida de un vicepresidente es “inconstitucional” y sería un “golpe de Estado”.
Pero algunos, como el analista político Edwin Cabrera, publicaron en sus redes sociales fotos de presidentes de la República que habían sacado a sus vicepresidentes de ministerios. Se trata de Guillermo Endara y Ricardo Arias Calderón; de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela.
Mientras las tensiones aumentaban en el centro del poder, la calle hervía. El descontento llegaba a su pico: cierres de calles, y protestas en la Interamericana, Colón, Chiriquí, San Miguelito, y la capital. Reclamaban las bolsas y bonos del plan Panamá Solidario. En la Asamblea Nacional, diputados de la bancada oficialista pedían la sanción de las leyes que implican moratorias generales; y algunos como Zulay Rodríguez, y Crispiano Adames tildaban de “maleante”, “corrupto” y “testaferro” al nuevo viceministro de la Presidencia Carlos Cayito García.
Cuarentena cero
Atrás había quedado ese capítulo (casi onírico) en el que se aplaudían las decisiones del Gobierno: desde las medidas sanitarias, a los discursos presidenciales de los martes, en los que Cortizo comparaba la batalla sanitaria contra el virus con una guerra que había que ganar.
La críticas y cuestionamientos habían salido de cuarentena y Cortizo se enfrenta a un nuevo pico.
José Isabel Blandón, presidente del opositor Partido Panameñista, lo explica así: “esa especie de consenso que había al principio de la crisis ha desaparecido, y ha desaparecido primero, por la demora en la entrega de las ayudas sociales, y segundo por los escándalos de corrupción”, dijo.
Blandón, sugirió ayer en Radar de TVN, que Cortizo debe convocar a un diálogo con todos los sectores para repensar el futuro del país. “No podemos pretender resolver una crisis sin precedentes, con las mismas cosas de antes, para mi entregar bolsas de casa en casa es aplicar una fórmula del siglo pasado para una crisis del presente siglo”, aseguró.
La atmósfera
Por eso no es raro que en palacio, los últimos días de abril, y los primeros del presente mayo estuvieran enrarecidos. La atmósfera ahora es más cargada. Incluso, más que al comienzo de la pandemia, según contaron a La Prensa fuentes políticas.
Reuniones de última hora, cambios de estrategia, regaños, reclamos, presiones. Con la incertidumbre sobre sus espaldas, el presidente ha reducido su círculo cero. Para enfrentar este pico de la crisis, consulta principalmente a dos mujeres: la primera es una de las figuras que mejor se ha posicionado con el manejo de la emergencia: la ministra de Salud, Rosario Turner, una pediatra que se curtió en manejo de crisis sanitarias con el envenenamiento masivo a causa del dietilenglicol en el gobierno del perredista Martín Torrijos (2004-2009).
Y la otra persona a la que escucha es a su asesora de cabecera: su esposa Yazmín Colón de Cortizo, la única que, según aseguran fuentes del Ejecutivo, se atreve a decirle las cosas sin tapujos.
No se va
El pasado sábado 2 de abril, un día después de que Cortizo anunció que 233 mil 657 personas recibirán el vale digital, en la calle se afirmaba que la ministra Turner había renunciado. Empezaron a circular todo tipo de teorías. En la noche, la Secretaría de Comunicación del Estado informó que Turner se mantenía como la encargada de liderar el equipo de profesionales que ha enfrentado la crisis por la pandemia. “Como lo ha hecho desde que se declaró la Emergencia Nacional, la ministra Turner ha estado los últimos días coordinando desde su despacho, diseñando estrategias y desde los demás frentes de batalla las acciones que se toman para combatir este mal que afecta al mundo entero”, dice un párrafo del comunicado.
El pasado fin de semana también se habló de un posible cambio de figuras en las comunicaciones del Gobierno. Boris Moreno, perredé de la vieja guardia, anunció en redes sociales que no sería secretario de comunicación del Estado, “tal como se estaba especulando”. Aseguró que estaba dispuesto a colaborar, pero no en un cargo público. El tema entró a agenda el viernes 1 de mayo, un día después de que el comentarista Juan Carlos Tapia en su programa Lo Mejor del Boxeo anunciara que había roto su luna de miel con el Gobierno, y recomendó a su yerno Óscar Ramos que dejara la secretaría de Comunicación del Estado.
Pero, los reflectores de la ciudadanía no apuntan a quién se queda y quién se va de la Secretaría de Comunicación del Estado. El meollo está en la transparencia y el manejo de los millones autorizados para la pandemia. En la rendición de cuentas. La gente quiere saber todos los detalles del contrato para el hospital modular, por ejemplo, o cuántos de los millones que se han autorizado para la emergencia se han gastado.
“No he podido encontrar un recuento detallado de todas donaciones que se están recibiendo en relación a Panamá Solidario. Lo mismo aplica para el programa de Panamá Solidario”, dijo Olga De Obaldía, directora ejecutiva de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana. Al comienzo de la pandemia esta agrupación sugirió al gobierno que creara un sitio web en donde se pueda ver toda la información de la ejecución presupuestaria de los dineros destinados a la emergencia, incluyendo las compras.

