El líder del Movimiento 5 Estrellas (M5E), Luigi di Maio y su homólogo en la Liga, Matteo Salvini, los dos partidos ganadores de las elecciones celebradas hace más de dos meses, propusieron al presidente de la República Sergio Mattarella, que confíe la formación del nuevo ejecutivo a un desconocido en Italia.
Se trata de Giuseppe Conte, que como Salvini y Di Maio no tiene ninguna experiencia de gobierno, pero que a diferencia de ambos líderes, cuenta con un brillante historial profesional que avala su experiencia académica en las universidades de Yale, Cambridge, la Sorbonne y Viena.
Conte de 54 años de edad, nacido en la región de la Apulia (sur de Italia), vive en Roma, donde es titular de un bufete legal y hasta la fecha ejercía de profesor de derecho privado en la Universidad de Florencia.
El prestigioso currículum de este abogado cercano al Movimiento 5 Estrellas del cómico Beppe Grillo, es parte de la estrategia que ha puesto en escena Di Maio – socio mayoritario del nuevo gobierno, con el 33% de los votos frente al 17% de la Liga- para demostrar la seriedad de su propuesta a nivel internacional.
Mientras tanto, la Unión Europea y los indicadores económicos miran con recelo y temor al contrato de gobierno acordado por los dos partidos euroescépticos.
El programa que debe servir de guía al próximo ejecutivo, implica un mayor endeudamiento en el país que sería prácticamente imposible de asumir.
Entre las medidas que dan un portazo a la política de austeridad propuesta por Bruselas y son imposibles de realizar según los expertos, la renta básica de ciudadanía de 918 dólares, la reforma de las pensiones o la puesta en marcha de una tasa impositiva única para todos los contribuyentes, lo que conllevaría a un desajuste de hasta 200 mil millones de dólares en las arcas públicas.
Bastó que estas propuestas figuraran en el pacto de gobierno para disparar en una semana el coste de la deuda italiana en más de 30 puntos básicos.
El gran temor de los mercados de Bruselas y de Frankfurt, es que será muy difícil de sostener si Roma no aumenta la deuda pública, que en la actualidad alcanza el 132% del producto interno bruto (PIB), la segunda mayor de la eurozona, solo por detrás de Grecia.
Además, contiene puntos muy controvertidos como la deportación masiva de inmigrantes irregulares o la intención de reformar los tratados europeos para que los países miembros recuperen competencias frente al peso de la Unión Europea.