El reciclaje lanza el último grito de la moda con la actriz Emma Watson. La inglesa lució un traje elaborado con residuos reciclados y presumido por ella durante el Met Gala del pasado 3 de mayo, la fiesta anual del Museo Metropolitano de Nueva York, en la que solo participa lo más granado del jet set, las artes y la moda.
Pero, además, el reciclaje se convierte en un medio de pago. En China cabe la posibilidad de obtener el tiquete del pasaje del metro a cambio de botellas plásticas que se depositan en una máquina.
Y en Panamá, la iniciativa de la ecocomunidad del canadiense Robert Bezeau tiene repercusiones fuera del país. Los medios internacionales reportan la idea de Bezeau desarrollada en 83 acres (33.5 hectáreas) situadas en Isla Colón, Bocas del Toro, donde se construyen casas con botellas de plástico. Espera erigir 120 viviendas, de las cuales hay 4 construidas.
Reciclaje local
El reciclaje como proceso de reutilización de material usado, se posiciona en Panamá como una actividad que escapa a los foros y a las conversaciones de unos cuantos. La tendencia gana espacio entre los panameños y así sucede con Roberto Baum, integrante de Roba Morena y coordinador desde hace cinco años de Yomereciclo, la feria celebrada en 68 oportunidades en las provincias de Panamá, Colón y Chiriquí. Genera 8 mil 103 empleos y propicia dinámicas en las cuales se agrupan 16 mil 836 voluntarios.
El posicionamiento de la tendencia obedece también al ingreso al país de otras propuestas de desarrollo. Es el caso del canadiense Bezeau, quien llegó en 2012 a Panamá con planes de retiro para vivir en las islas paradisíacas de Bocas del Toro y se encontró una especie de vertedero de residuos con un olor nauseabundo. Entonces decidió, con otras 16 personas, hacer la recolección de más de 600 bolsas de ‘basura’ que no eran más que empaques plásticos.
“Encontramos botellas de plástico, de cartón o latas de aluminio y de vidrio, y en 14 meses recogimos un millón de botellas”, asegura Bezeau.
Pero el reciclaje salta de experiencia aislada y se vuelve un eje central de celebraciones y festivales. A propósito se celebró el primer Costa Fest de Costa Recicla, en Panamá, enfocado en cultura, arte y reciclaje.
Con el apoyo de la Alcaldía de Panamá, los gestores de Costa Fest recaudaron cartón, papel, tetra pak, plástico, latas y latón, en un entorno de concienciación en la comunidad sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, de manera que “cada material que desviamos del vertedero sea un mejoramiento a la cultura del país”, dice Diego Ferro, uno de los ocho fundadores de Costa Recicla.
La semana del reciclaje tiene el objetivo de promover la gestión integral de los residuos sólidos a través de las 3 R: reducir, reutilizar y reciclar. La última vez que se celebró asistieron nacionales y extranjeros para aprender detalles de un concepto que en otros países significa la oportunidad de subir los estándares de calidad de vida, afirma uno de sus organizadores.
La diferencia
Más de 100 mil personas a nivel nacional participan en proyectos de reciclaje, estima Baum. Sin embargo, es amplia la brecha entre los recicladores y quienes se abstienen de desarrollar la actividad.
“Me resulta inconveniente”. “No sobra espacio para reciclar en casa”. “Si me pagan, lo haría”. “No hace ninguna diferencia”. “Es tan difícil de hacer”. Lo anterior son las excusas frecuentes de quienes prefieren no contribuir con el reciclaje, comenta Baum.
Por el contrario, expertos y ávidos practicantes del reciclaje señalan que su práctica les permite ahorrar energía, reducir los vertederos de desechos, preservar los recursos naturales y el medio ambiente es bueno para la economía, y en definitiva ayuda a despejar el gran dilema del cambio climático.
Aunque muchas personas desechan la posibilidad de empezar a reciclar, no se verá la diferencia.
Según el Centro de Sostenibilidad y Comercio de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, Estados Unidos, cada persona produce aproximadamente mil 600 libras de desechos al año.
“Podemos reciclar entre 70% y 80% de los materiales que desechamos en casa”, manifiesta Baum. Las mil 120 libras que pudiera reciclar cada persona, es más de media tonelada por persona. Una familia de cuatro personas puede reducir su impacto reciclando más de dos toneladas al año.
“Debemos entender que reciclar no es algo que se hace para lucrar, no es un negocio. Es una labor social”, aduce Ferro.

