El viernes 24 de junio, Londres, la capital de Gran Bretaña, amaneció en silencio. En el metro había caras largas, en el concurrido Café Nero de la popular Oxford Street, las baristas italianas lloraban de manera desconsolada, mientras otros clientes, que leían el periódico, se resignaban a mover la cabeza con disgusto.
El día anterior todo el Reino Unido –Escocia, Inglaterra, Irlanda del Norte y Gales- se había dado cita en las urnas para decidir la permanencia o no del país en la Unión Europea (UE).
Para sorpresa del mundo entero —incluso de aquellos que lo apoyaban— la salida de la UE ganó con 52% de los votos.
Si en algún lugar de la isla hubo celebraciones por los resultados, no fue en Londres. De acuerdo con cifras oficiales, el 72 % de los londinense votó para quedarse, la salida ganó solo en un circuito elector de toda la capital.
Este resultado, entre otras cosas, marca aún más las diferencias ya latentes entre Londres y el resto del país, que se han ido acrecentando con el pasar de los años, ya que el ‘brexit’ ganó en casi todo el territorio, menos en las grandes urbes.
Los ciudadanos de Londres, una de las grandes metrópolis europeas, donde lo habitual es sentarse en un restaurante y escuchar cuatro idiomas distintos al mismo tiempo y donde habitan alrededor de 3 millones de inmigrantes (44% de la población) de más de 100 nacionalidades distintas, le es muy difícil entender el resultado de aquella mañana.
UN DÍA INUSUAL
Fue un día muy atípico en esta ciudad. El sol estaba radiante. Cuando esto ocurre, que no es muy a menudo, los ciudadanos copan los pubs y los cafés al aire libre. Que salga el sol en Londres es motivo de celebración por sí solo. Sin embargo, como me comentó María, la italiana, en Café Nero, el clima no reflejaba el sentimiento de una gran cantidad de personas en ese momento. Incluso, hasta la concurrida turística de Covent Garden parecía estar en silencio.
Andy, un estudiante inglés de 24 años, decidió esa mañana colgar la bandera de la Unión Europea en su balcón como forma de protesta.
Para él, no solo se trataba de una cuestión política, aunque confesó que es la primera vez que la política le hace llorar, sino una verdadera crisis de identidad. “Yo nací en 1992, yo no sé lo que significa no ser europeo”. Para la Unión Europea, esto significa “diversidad y unidad”, mientras que el resultado electoral de esa jornada representaba aislamiento y miedo.
Muchos como Andy consideran que la pluralidad es lo que hace latir el corazón de Londres.
Para David, inmigrante de Uganda que vive hace cinco años en Londres y trabaja como cajero en una cadena de comida rápida, ese día fue triste. Aunque no le estaba permitido votar, considera que el resultado de los comicios fue un voto de rechazo, no solo contra Europa, sino contra todos los inmigrantes como él. “Se está abriendo una caja de Pandora en un país donde todos convivíamos pacíficamente” comentó.
Y no se equivocó. Desde que se conoció el resultado, se ha visto una escalada de ataques xenófobos a lo largo y ancho del país.
Muchos analistas y políticos han culpado a la naturaleza racista y divisora de la campaña por la salida, la cual fue encabezada por un grupo disidente del partido Conservador (Tories) y el partido independentista de extrema derecha Ukip.
Emmanuel, un estudiante francés de 25 años, quien reside en Birmingham desde hace dos años con su prometida venezolana, lo ha vivido en carne propia. Esta ciudad, a dos horas de Londres, cuenta con una gran comunidad polaca, que se ha convertido en blanco principal de ataques racistas. “De la noche a la mañana, hemos visto cómo los polacos son atacados en los buses y cómo se pintan mensajes ofensivos en sus residencias, algo jamás visto antes”.
Para él, el resultado del referéndum es una gran decepción. “Siento que me han robado algo. Nosotros también teníamos derecho a ser escuchados”. Él, como casi un millón de europeos, ha quedado en “limbo” migratorio, ya que mientras que el Reino Unido se mantuviera dentro de UE, no necesitaría de visa ni permiso de trabajo para permanecer en el territorio británico. Ahora, quienes están en su situación, permanecen a la espera de los posibles acuerdos entre el Gobierno de Gran Bretaña y la UE.
Más allá de la parte emocional del brexit, un numeroso grupo de personas observa la situación económica con preocupación.
Desde el referéndum, la libra esterlina, una de las monedas más fuertes del mundo, ha visto una caída estrepitosa de 2.17% ante el dólar y cotizaba a 1.33 dólares por unidad. Esto es particularmente preocupante para una economía como la británica, ya que desde la década de 1990 está basada más en servicios y menos en importaciones y se apoya en una libra fuerte.
Londres, además, es uno de los centros financieros más importantes del mundo. En su famosa “City “ (zona financiera), la mitad de las personas que trabajan allí es extranjera.
James es estadounidense, tiene 36 años y vive en Londres hace 5 años. En la actualidad trabaja para una multinacional en la lujosa zona de Canary Warf. Desde su balcón con vista al río Támesis, puede observar las imponentes torres de Citi Bank y Credit Suisse.
Según él, el impacto que el brexit tendrá en el mundo empresarial está por verse. Sin embargo, reconoció que existe un miedo generalizado en el mundo de los negocios. “Existe mucha incertidumbre y nadie quiere tomar decisiones importantes en este momento”, dice.
OPINIÓN MAYORITARIA
Pero no todo es gris para todo el mundo y ni siquiera Londres está totalmente unificada en su deseo de quedarse. Dan tiene 31 años, proviene de Essex, una ciudad al este de Londres, y trabaja como asegurador de aviones en la “City”. Él votó para dejar la UE, con el pesar de la mayoría de sus amigos.
“Muchos de mis amigos fueron muy duros conmigo, pero la realidad es que, para mí, la cantidad de dinero que se paga a la UE no se justifica. Es preferible negociar un buen acuerdo con ellos, que seguir bajo el yugo de Bruselas”, comentó... Además, Gran Bretaña debía recuperar el control de sus fronteras. “No es que no quiera que aquí vivan inmigrantes, pero tiene que existir algún tipo de control”.
Su opinión está en sintonía con la de la mayor parte del país y con la minoría en Londres. Desde que se conoció el resultado del referéndum, la ciudad se ha visto plagada de protestas.
La primera ocurrió en Westminster, donde sesiona el Parlamento. Los presentes, pintados de azul en solidaridad con la UE, les pedían a los parlamentarios que bloquearan los resultados del referéndum. Mientras, en Trafalgar Square, otro grupo pedía la independencia de Londres.
Algunos optimistas todavía ven posibilidades de que Gran Bretaña no salga de la Unión Europea, mientras otros ya se preparan para su inminente salida.
Mientras tanto, la incertidumbre reina en la que hasta hace una semana era la quinta economía más importante del mundo.





