El Premio Nacional L’Oréal- Unesco “Por Las Mujeres en la Ciencia”, que otorga la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), este año será para la investigadora asociada del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales e investigadora académica de la Universidad Interamericana de Panamá Gina Della Togna, quien lleva más de 10 años dedicados al estudio de la rana dorada.
Della Togna es la única panameña, de ocho investigadores del mundo, dedicados a estudiar el sistema reproductivo masculino de la rana dorada, cuyo nombre científico es Atelopus zaketi, una especie de anfibio en peligro crítico de extinción, según informes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Su trabajo es particularmente relevante para los esfuerzos de conservación de anfibios que actualmente se llevan a cabo en Panamá, en el Centro de Rescate y Conservación de Anfibios en Gamboa. Es allí donde se desarrolla un programa de reproducción en cautiverio de cinco especies del género Atelopus.
La bióloga panameña, quien recibirá el reconocimiento por su trabajo este 11 de diciembre, contó en una entrevista con La Prensa sobre sus proyectos, que tienen como objetivo en común preservar para la rana dorada el futuro, así como los retos que tiene Panamá en el campo científico y el desconocimiento de la importancia de la ciencia en el país.
¿Cómo llegó a ser la única panameña de ocho investigadores en el mundo dedicados a estudiar el sistema reproductivo masculino de la rana dorada?
Llevé a cabo mis estudios doctorales en Univesity of Maryland y en el Smithsonian Conservation Biology Institute, especialmente en el Center for Species Survival (Centro para la Sobrevivencia de Especies). Este centro cuenta con un departamento para estudios de reproducción de especies en peligro de extinción, del cual yo formaba parte. Históricamente, este centro ha sido líder mundial en temas de reproducción aplicada a la conservación de especies en peligro crítico, como el panda, el hurón de patas negras, caballos de Przewalski, elefantes, felinos, entre otros. Sin embargo, cuando llegué como estudiante doctoral no habían incursionado en la reproducción de anfibios, ya que su foco principal consistía en el estudio de mamíferos. Fue en ese momento cuando junto con mis asesores decidimos desarrollar una nueva línea de investigación en esta clase de animales, actualmente la más amenazada de todas. Debido a la reciente de la crisis de extinción de los anfibios y a la gran diversidad de especies y estrategias reproductivas que ellos presentan, realmente no existen muchas personas especialistas en fisiología reproductiva y criobiología de anfibios. Pocos, menos de 10, somos los investigadores que hemos desarrollado esta línea de investigación en el mundo, la mayoría de ellos ubicados en Australia y Nueva Zelanda.
Todos nos conocemos, hemos desarrollado y continuamos desarrollando colaboraciones que nos han permitido consolidarnos como un grupo que se encuentra en constante comunicación, compartiendo los obstáculos y avances realizados para las especies que cada uno trabaja.
¿Qué la motivó a estudiar precisamente la rana dorada?
El hecho de que se encuentra extinta en la naturaleza, que solo existe en cautiverio, y que es un símbolo nacional de mi país (raro para un anfibio, ya que generalmente son rechazados por las personas), por su valor ecológico y porque como ser vivo tiene el derecho de existir. Saber que mi investigación puede contribuir de alguna forma a su conservación, es sumamente gratificamente.
¿Cuál es el objetivo específico de este estudio?
El objetivo es desarrollar técnicas de reproducción asistida para especies de anfibios en peligro de extinción, entre ellas, estimulación hormonal para la obtención de esperma y huevos, caracterización de células reproductivas, estimulación de eventos reproductivos, fertilización artificial y criopreservación de esperma para la creación de bancos genómicos.
¿Qué otros proyectos tienen en marcha?
En este momento tengo siete proyectos en marcha, todos con apoyo de la Universidad Interamericana de Panamá, el Smithsonian Tropical Research Institute y Senacyt. Seis de ellos, enfocados en desarrollar técnicas de reproducción asistida, como estimulación hormonal, caracterización de gametos, fertilización artificial, criopreservación de esperma para la creación de bancos genómicos de especies de anfibios muy amenazadas, entre ellas: Atelopus zeteki (la rana dorada), Atelopus varius (rana arlequín variable), Atelopus glyphus (la rana arlequín Pirri), Atelopus limosus (rana arlequín limosa), Atelopus certus (rana arlequín de cerro Sapo), Anotheca spinosa (rana arbórea de cabeza espinosa), Gastrotheca cornuta (rana marsupial), Hylomantis lémur (rana de lémur), Strabomantis bufoniformis (rana ladrona oxidada)y Craugastor evanesco (rana hojarasca desvaneciente). Estos proyectos incluyen la capacitación y formación de seis estudiantes de carreras como Biología y Veterinaria para sus trabajos de tesis.
¿Qué ha sido lo más difícil que ha enfrentado para hacer investigaciones?
Lo más difícil ha sido encontrarme personas con sistemas de creencias limitantes y con poco entendimiento de la importancia de la ciencia, además de personas que anteponen intereses personales a los profesionales y, por lo tanto, perjudican la consecución de resultados y obtención de productos que tienen el potencial de causar un impacto positivo para el país.
¿A qué atribuye la baja asignación presupuestaria para el desarrollo de la ciencia y tecnología en el país?
Es un fenómeno que no es único ni particular de nuestro país. Históricamente, países en vías de desarrollo se han caracterizado por invertir muy poco en ciencia y creo que es el resultado de un conjunto de factores, entre ellos, desconocimiento de la importancia de la ciencia y la innovación como motores de desarrollo de un país, altos niveles de corrupción, grandes fallas en el sistema educativo, entre otros. Sin embargo, nuestro país ha avanzado en este tema en los últimos años. Adicionalmente, como científica, es sumamente alentador saber que el actual gobierno está considerando aumentar la inversión estatal en la ciencia, lo que traería enormes beneficios al país.
¿Considera qué si en Panamá se destinará más presupuesto para el desarrollo de la ciencia los resultados fueran mayores?
¡Es un hecho! La ciencia, la tecnología y la innovación son los motores de desarrollo de un país. Incrementar el presupuesto a invertir en estos temas resultaría en un aumento en el presupuesto para proyectos de investigación, lo que generaría resultados de mayor impacto a nivel nacional e internacional; mejora de infraestructuras; creación de centros de investigación; aumento en la formación de recurso humano capacitado con títulos de licenciatura, maestría y doctorado; plazas de trabajo para ese recurso humano calificado que tanto puede contribuir al país; mejoras en la educación en temas relacionados con STEAM (ciencia, matemáticas, tecnología, ingenierías y arte); entre muchos otros beneficios.
Una de las grandes diferencias entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo es que los segundos son consumidores del conocimiento y tecnologías producidos por los primeros. En el momento en el que nos convertimos en un país productor y no consumidor de conocimiento, innovación y tecnología, estaremos dando un gran paso hacia el desarrollo social y económico de nuestro país, que se verá reflejado en la mejora de la calidad de vida de todo ciudadano.
¿Por qué la ciencia es una de las cenicientas de los gobiernos?
Muchos son los factores involucrados en este fenómeno, algunos ya mencionados anteriormente. Es importante tomar en cuenta que, tanto los gobiernos de países desarrollados, como de aquellos en vías de desarrollo, enfrentan muchísimos retos y situaciones de importancia nacional e internacional que resolver.
En Panamá, hemos vivido una y otra vez en un círculo vicioso por la poca inversión en ciencia por parte de los gobiernos, poca disponibilidad y priorización de carreras relacionadas con la ciencia, baja formación de recurso humano en estas áreas de conocimiento, poca oferta y demanda laboral y bajos salarios, lo que no requiere ni exige una considerable inversión estatal. Países como Singapur han tomado decisiones de país en pro del desarrollo de la ciencia y la tecnología, rompiendo con estos paradigmas e implementando políticas agresivas dirigidas al crecimiento científico y tecnológico. En 50 años, Singapur se ha convertido en uno de los países más avanzados en estos temas, ejemplo exitoso que deberíamos seguir.

