Las tres personas que el pasado 29 de junio fueron condenadas a 15 años de prisión por el delito de trata de personas contactaban a sus víctimas en lugares de extrema pobreza en Nicaragua, les pagaban los pasajes aéreos y les prometían un salario de $600 para trabajar como obreros de la construcción en Panamá.
De acuerdo con el testimonio de Rafael Gómez, nicaragüense que denunció su explotación, él y otros 10 ciudadanos de ese país tenían que trabajar más de 16 horas, los encerraron en una bodega, dormían en el piso, no les daban comida y les retuvieron sus pasaportes.
En su sentencia, la jueza primera de circuito penal, Águeda Rentería, sustentó que a los 11 obreros “los obligaron a trabajar de día y de noche, sin paga, los ponían a dormir en un depósito, y eran objeto de malos tratos”.
Precisó que “el ingreso de los humildes ciudadanos nicaragüenses a nuestro país” quedó acreditado mediante inspección ocular realizada al Servicio Nacional de Migración.
VEA El drama de un nicaragüense esclavizado en Panamá