El panameño es famoso por su impuntualidad. Por eso, la cita era un poco estresante. La entrevista con la funcionaria británica fue fijada para muy temprano en la mañana.
Para dar una buena impresión del país, madrugué y estuve lista a tiempo. Estaba muy confiada, porque tenía 20 minutos para recorrer los mil 200 metros que hay desde mi casa hasta el lugar de encuentro. Tonto error. Mi ruta normal es hacia el norte y en esta ocasión era hacia el sur, hacia el centro.
Un monstruoso tranque paralizaba la ciudad y si bien tardé 25 segundos en cubrir los primeros 200 metros, los siguientes mil metros fueron una tortura. La fila de carros detenida me dio un adelanto del purgatorio. El segundero del reloj sonaba como un tambor. De no ser por los zapatos incómodos habría caminado ese trecho, pero pensé que me vería peor si llegaba sin un tacón.
Sí, llegué tarde y casi arruino la entrevista. Por suerte, como buena diplomática, la baronesa me rescató.