Ida, que tocó tierra en Luisiana, Estados Unidos, como huracán categoría 4 el pasado domingo, provocó grandes inundaciones y daños en el sur del país, golpeando uno de los epicentros de la industria petrolera estadounidense, además de azotar Nueva Orleans, donde partes de la ciudad permanecen sin electricidad ni agua corriente. Tras impactar en los estados de Alabama, Luisiana y Misisipi, Ida se dirigió hacia el norte como tormenta, causando estragos en Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania. En la fotografía, una imagen satelital facilitada por Maxar Technologies, muestra viviendas inundadas en Manville, Nueva Jersey. El presidente Joe Biden viajó ayer a Luisiana.

Caos por Ida en Nueva York, atribuido al cambio climático
El cambio climático, ¿responsable del caos en Nueva York? Autoridades en Estados Unidos llamaron la atención sobre el calentamiento global luego de que remanentes del huracán Ida azotaran el noreste de Estados Unidos, dejando al menos 47 muertos.
Treinta y seis horas después de que torrenciales lluvias sembraran el caos en la principal ciudad del país y sus alrededores, el presidente Joe Biden visitó el sureño estado de Luisiana, el primero golpeado por Ida el domingo.
“Las cosas han cambiado tan drásticamente en términos del medio ambiente, ya se ha cruzado un cierto umbral”, dijo el mandatario durante una reunión con funcionarios locales en LaPlace, Luisiana, adonde viajó para evaluar los daños.
Biden sostuvo que las costosas mejoras al sistema de diques alrededor de Nueva Orleans después del huracán Katrina en 2005, mucho más letal, demostraron su valor para prevenir más daños catastróficos esta vez.
“No podemos reconstruir caminos, carreteras, puentes, nada como antes”, y tenemos que “reconstruir mejor”, afirmó.
Los proyectos que busquen transformar, en lugar de simplemente reconstruir, tendrán que convertirse en la nueva norma, señaló, al presionar para que el Congreso apruebe su gigantesco proyecto de ley de infraestructura de $3.5 billones.
Ida provocó grandes inundaciones y daños en el sur, al golpear uno de los epicentros de la industria petrolera estadounidense, además de azotar Nueva Orleans.
Los estados de Luisiana, Alabama y Misisipi fueron impactados antes de que la tormenta llegara al norte, afectando Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania e incluso Massachussetts.
Los huracanes y los tornados son un fenómeno recurrente en Estados Unidos. Pero los científicos advierten que el calentamiento de la superficie del océano está contribuyendo a que las tormentas sean más poderosas, especialmente en ciudades costeras como Nueva York.
El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, también alertó ayer sobre el cambio climático. “Esta tormenta debe despertarnos. Este es un nuevo desafío (...) en comparación con la época en que se asociaba las inundaciones con áreas costeras”, dijo a la televisión MSNBC.
El caos reavivó el recuerdo del huracán Sandy, que en octubre de 2012 dejó sin electricidad a gran parte de Manhattan e inundó totalmente el metro.
Las lluvias récord de la noche del miércoles al jueves convirtieron las calles de la ciudad de Nueva York en ríos y provocaron la muerte a casi una docena de personas que vivían en apartamentos subterráneos. El sistema de metro se vio completamente paralizado y todavía sufría interrupciones ayer.
“¡No debería sorprendernos!”, dijo Jonathan Bowles, director del grupo de expertos Center for an Urban Future. “La ciudad parece colapsar con cada gran tormenta. La mayor parte de la infraestructura data del siglo XX”, explicó a la AFP.
Nueva York “no se construyó para siete pulgadas [unos 18 centímetros] de lluvia en unas pocas horas”, señaló Nicole Gelinas, especialista en economía urbana del Manhattan Institute.
Los desagües del sistema de alcantarillado de la ciudad se obstruyen, explicó, y “no hay suficiente espacio verde para recoger parte del agua”, así que “algunas avenidas se convierten en canales cuando hay una gran tormenta”.
Entre los muertos reportados en Nueva York, la mayoría se ahogó en sus sótanos, casas rudimentarias al pie de edificios en Manhattan, Queens o Brooklyn.
En la ciudad, “el agua se acumuló tan rápidamente que la gente quedó atrapada en sus propios sótanos”, dijo De Blasio.
Según un número de víctimas en constante cambio, al menos 47 personas murieron en la ciudad y sus alrededores, la mitad de ellas en el vecino estado de Nueva Jersey. Casi todos perecieron en sus hogares, o dentro o cerca de sus automóviles.

