Decenas de incendios forestales seguían causando estragos ayer en la costa oeste de Estados Unidos, donde al menos 16 personas murieron esta semana y más de medio millón fueron llamadas a abandonar sus hogares para huir de las llamas.
Una sequía crónica y fuertes vientos alimentan los fuegos esparcidos desde el estado de Washington, fronterizo con Canadá, hasta la ciudad californiana de San Diego, en la frontera con México. Pero aún es imposible evaluar el verdadero alcance de la destrucción, que se produce en medio de la pandemia del nuevo coronavirus que golpea al país, y que ya marcó récords.
En el noroeste de California, el incendio denominado “August Complex Fire”, que se inició en agosto con una serie de rayos en los bosques de Mendocino, se convirtió oficialmente en el más grande de la historia en este estado, con más de 302 mil hectáreas quemadas.
Las autoridades confirmaron 12 fallecimientos en California, tres en Oregón y uno en Washington, la de un bebé de un año, pero temen más víctimas mortales dado que grandes áreas continuaban inaccesibles a los bomberos y rescatistas.
Ante la virulencia de las llamas, los residentes, que en algunos casos se encuentran sumergidos en una espesa niebla anaranjada y respiran un aire cargado de cenizas, suelen verse obligados a huir en pocos minutos.
“Entré en pánico. Verifiqué que todos los niños estuvieran en el auto, luego tiramos nuestras cosas en el baúl. Y eso es todo lo que tuvimos tiempo de hacer”, narró a la AFP Jamie Smith, una refugiada en un hotel en Fresno, California.
En este estado donde los habitantes siguen traumatizados por el recuerdo de los incendios de noviembre de 2018, que se cobraron la vida de 86 personas y redujeron a cenizas la ciudad de Paradise, se espera que la humedad aumente y que la temperatura baje la próxima semana, trayendo algo de alivio.
En el vecino estado de Oregón, más de 500 mil personas también han tenido que dejarlo todo para huir de las 360 mil hectáreas presas de las llamas, algo nunca visto hasta ahora.
En Molalla, al sur de Portland, la policía iba casa por casa para convencer a los vecinos de abandonar la zona.
La gobernadora de Oregón, Kate Brown, dijo que el área incinerada en solo las últimas 72 horas es el doble del promedio anual del estado y que al menos cinco localidades quedaron “sustancialmente destruidas”.
“Ojalá los incendios de 2020 fueran solo una anomalía, episodios únicos. Desafortunadamente, son solo precursores del futuro”, dijo.
“Estamos viendo los efectos devastadores del cambio climático en Oregón, en la costa oeste y en todo el mundo”, añadió.
Más de 200 mil hectáreas se quemaron en el estado de Washington, según el gobernador Jay Inslee. “Sabemos por qué el suelo se vuelve más seco y sube la temperatura, e incluso el viento aumenta”, dijo, en alusión al calentamiento global.
En el oeste de Estados Unidos, la temporada de incendios forestales suele durar desde agosto hasta noviembre, lo que genera temores de nuevos episodios violentos. California, por ejemplo, ya ha visto arder más de 1.2 millones de hectáreas este año, algo sin precedentes. Y ocho personas más murieron en los incendios forestales en ese estado el mes pasado.
El gobernador Gavin Newsom se sumó en culpar al cambio climático de esta ferocidad. “Debemos hacer más”, tuiteó. “Necesitamos acción en todos los niveles. California no puede hacer esto sola. El cambio climático es real”.
Según la Organización Meteorológica Mundial, entre 2014 y 2019, se registraron incendios forestales sin precedentes, especialmente en Europa y América del Norte.
