La bandera a media asta ondeaba en la cima del Cerro Ancón en señal de duelo, y el día empezó con el recuerdo.
Otro 20 de diciembre. Esta vez se cumplieron 32 años de aquel 20 de diciembre de 1989, cuando el ejército de Estados Unidos invadió Panamá para derrocar la dictadura de Manuel Antonio Noriega. Discursos, mensajes de reflexión, el reclamo de los familiares de las víctimas, y los recuerdos, marcaron el día.
En la mañana, Juan Planells, presidente de la Comisión del 20 de Diciembre de 1989, se encargó de introducir la frase: “Iniciamos este día con el recuerdo, como dice Ricardo Miró, ‘la Patria es el recuerdo’. Bueno, este es el recuerdo de esos jirones de dolor que él menciona en su poesía”. Lo dijo a pocos pasos de una carpa blanca instalada en el cementerio Jardín de Paz, en la capital, donde se desarrolló un acto para mantener en la memoria a los caídos en la invasión.
¿Dónde está mi hermano? ¿Dónde está mi padre? ¿Acaso son los restos de ella? Las preguntas de familiares de los desaparecidos a raíz de la intervención militar aún no tienen respuesta. Por lo pronto, Planells informó que las exhumaciones realizadas a cuerpos enterrados en el Jardín de Paz, y en el cementerio Monte Esperanza, de Colón, determinaron que existen “muchos cuerpos” que no han sido identificados. Hay 38 bolsas con restos óseos que están en una morgue y que esperan pruebas de ADN para poder determinar su identidad. La Policía Nacional, narró el presidente de la Comisión, donó un laboratorio de ADN al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, que podrá ayudar a identificar los cuerpos. El equipo está valorado en $3 millones.
En el acto en el Jardín de Paz también estaba José Domingo Ulloa, arzobispo Metropolitano de Panamá, quien habló de “heridas abiertas”, y catalogó a la invasión como uno de los acontecimientos “más dolorosos” de la historia del país.

La Asamblea dice: “Prohibido olvidar”
Paralelamente, en el palacio Justo Arosemena, sede de la Asamblea Nacional, también se recordaba a los caídos de aquel 20 de diciembre de 1989. Crispiano Adames, presidente de ese órgano del Estado, izó la bandera, y luego pronunció un discurso en un auditorio abarrotado de hombres y mujeres vestidos de blanco y negro. “Prohibido olvidar”, manifestó, y de paso prometió que impulsará una ley para recordar la fecha.
Este es el tercer gobierno del Partido Revolucionario Democrático (PRD), la agrupación política que gobernaba el país cuando se dio la invasión. El #ProhibidoOlvidar, la frase que reivindicó Adames, fue tendencia en Twitter ayer a propósito de la fecha. Algunos de los comentarios que sustentaban la frase se referían precisamente al vínculo del PRD con la dictadura de Noriega, y a personajes que tuvieron un rol activo en ese periodo de la historia del país, pero que hoy ocupan altos cargos en el gobierno de Laurentino Cortizo. Uno de ellos es Benjamín Colamarco, actual jefe de la Oficina de Electrificación Rural y hombre de confianza de Cortizo, quien fuera el jefe de los Batallones de la Dignidad, las milicias paramilitares creadas en las postrimerías de la dictadura (1968-1989) y que tuvieron un papel activo en la represión de los opositores.

En El Chorrillo
En El Chorrillo, el barrio que ardió durante aquellos días de muerte e incertidumbre, hubo dos actos. En una oficina pública de la zona, la Comisión del 20 de Diciembre, junto a los familiares de las víctimas, rindió cuenta sobre lo que han hecho en estos cinco años. La comisión fue creada en 2016, durante el gobierno del panameñista Juan Carlos Varela, para intentar determinar el número, y la identidad de las personas que murieron durante el evento. Preliminarmente el número de víctimas se estimaba en 331. En junio de este año, se concedió una prórroga a la comisión para terminar su trabajo. Tienen plazo hasta el 2023 para preparar su informe final. Desde su creación este organismo ha librado una lucha para conseguir presupuesto. Las exhumaciones de Monte Esperanza, en Colón, habían sido suspendidas precisamente por falta de fondos.
Cortizo evocó a las víctimas de la invasión en la iglesia Nuestra Señora de Fátima, ubicada en El Chorrillo. Allí develó un mural que tiene como nombre: “En memoria de los caídos del 20 de diciembre de 1989”. La obra es del artista veragüense Aristides Ureña Ramos. También se proyectó el documental Chorrilleros, gente valiente. Pieza dirigida, producida y editada por jóvenes del barrio.
En la tarde obreros del Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs), y otras agrupaciones sociales marcharon hasta la sede de la embajada de Estados Unidos en Panamá, para protestar contra la intervención militar.

