Las consecuencias económicas de la acción militar de Estados Unidos que causó la muerte de Qasem Soleimani, hombre fuerte de Irán, sacuden los mercados. El temor inversionista se comprueba en el precio del crudo y el oro. Este último alcanzó su cotización más alta desde 2013. Es un refugio para los inversores en tiempos de turbulencia financiera y política.
El temor ante la escalada de este conflicto impacta el flujo petrolero global. El precio del barril del Brent superó los $69, cifra alcanzada en septiembre de 2019. El barril West Texas Intermediate, referente en Estados Unidos, sumó dos dólares desde el ataque estadounidense, y ayer alcanzó los $63 en la Bolsa de Valores Nueva York.
El rol de Irán en el suministro de crudo es clave. Tiene la tercera mayor reserva de petróleo confirmada, y tras Arabia Saudita es el segundo productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con más de 2.2 millones diarios de barriles.
Cuando tropieza el dólar estadounidense, los inversores acuden al oro. Igual acontece con tensiones políticas, o cuando las economías principales atraviesan por momentos de crisis. El precio de la onza del metal subió a $1,588, un valor sin registrarse desde abril de 2013, según la Bolsa de Valores de Londres .
“En ciclos de incertidumbre nada como comprar oro. Y aunque los datos parecen mostrar compras excesivas, seguiría la tendencia mientras la incertidumbre siga elevada”, apuntó Husein Sayed, un analista de FXTM.
Expertos anticipan un aumento continuo en el precio de los dos comoditys, si Estados Unidos e Irán no moderan sus mensajes.
El efecto de la acción militar trascendió la mayoría de las bolsas de Oriente Medio. Pero más allá de los mercados, si crece el efecto incertidumbre se frenarían las inversiones y el crecimiento económico global. Las potencias también le temen a un comercio débil.



