Para desarrollar sus imágenes, Díaz visita áreas como El Chorrillo, Santa Ana o Felipillo, en la provincia de Panamá. Cortesía/Grey Díaz
La otra cara de la cuarentena. Eso es lo que muestra el fotógrafo Grey Díaz a través de su lente. Aquella que permanece casi oculta pero que es igual de cruel que la causada por el nuevo coronavirus: la pandemia del hambre y la pobreza.
El actual escenario tomó por sorpresa a Díaz, quien antes se dedicaba a tomar fotos en fiestas de quinceaños. Optó por adentrarse en las entrañas de los barrios populares y de las periferias para mostrar en primera persona lo que ocurría allí, con fotos “tipo documental”.
“Trato de crear una conexión visual con la persona. Parte de lo que he logrado con la serie de fotos es gracias a eso. Busco captar emociones y sentimientos. Se trata de algo más que una fotografía”, subrayó Díaz sobre el trabajo que desempeña.
A diferencia de las fotos de fiestas, que captan momentos agradables o resaltan lo estético, el fotógrafo manifiesta que en esta pandemia emplea una especie de ritual en el que primero pasa mucho tiempo con las personas, conversando y haciendo que se relajen, antes de comenzar a fotografiar.
“Es lo que se persigue, una situación real de cómo están viviendo en este momento. Nunca llego directamente a tomar fotos a las personas sin que me expliquen la situación por la que atraviesan. Ellos, finalmente, me regalan su confianza”, acotó.
El trabajo de Díaz se ha centrado en lugares como Santa Ana, El Chorrillo, Felipillo, Guna Nega y San Miguelito en la provincia de Panamá, así como Arraiján, en Panamá Oeste. Lo que halló, dice, le genera sorpresa porque son áreas muy cercanas a la ciudad capital, pero por su condición rural dan la impresión que estuvieran a horas de distancia de lo que se considera la metrópoli.
Sobre el concepto de “la otra cuarentena”, el profesional de la lente sostuvo que el término se generó porque estamos habituados a campañas como “quédate en casa”, cuando en realidad hay otra cuarentena en la que las personas no pueden permanecer en sus hogares porque se mueren de hambre.
En sus coberturas y debido a que se trata de lugares específicos y con determinados riesgos, Díaz acude acompañado de agentes de la Policía Nacional. “Son lugares muy peligrosos a los que solo entramos con policías, líderes comunitarios o religiosos”, puntualizó.
La experiencia
Como en toda labor quedan las experiencias que te hieren y marcan, la de este joven de 36 años de edad no es la excepción. De hecho, cuenta que uno de los escenarios más dramáticos que ha visto es Guna Nega, en el corregimiento de Ancón, y a pocos metros del relleno sanitario de Cerro Patacón.
Díaz lo define como un “depósito humano”, y que es impensable cómo el Estado ha dejado que se levantara una comunidad en esa zona, con muy pocas oportunidades: no hay trabajo, no hay calles y menos alimentos.
“Allí se ha dejado crecer un círculo de pobreza y desigualdad enorme”, se lamentó el fotógrafo, que resume estos casi dos meses de cuarentena como un tiempo terrible en el que las ayudas sociales no llegan a donde en teoría deberían llegar.
De la memoria de Díaz aún no sale una imagen de cuando recorrió Felipillo en el área de Panamá este. Se trataba de una familia, integrada por los padres y sus 11 hijos, en su mayoría menores de edad, que vivía en pequeñas casas de cartón.
Como si fuera hoy, recuerda que los niños, “felices”, saltaban en sus camas y les mostraban su improvisada vivienda, algo que le “partía el alma”, y le llevaba a bajar su mirada. Esa es la otra cuarentena que cuenta, a través de sus imágenes, el reportero gráfico Grey Díaz.
En la invasión en Arraiján, los niños andan descalzos.
Como si fuera hoy, recuerda que los niños, “felices”, saltaban en sus camas y les mostraban su improvisada vivienda, algo que le “partía el alma”, relata el reportero gráfico Grey Díaz. Foto Grey Díaz.
El trabajo de Díaz se ha centrado en lugares como Santa Ana, El Chorrillo, Felipillo, Guna Nega y San Miguelito en la provincia de Panamá, así como Arraiján, en Panamá Oeste. Foto Grey Díaz.
Lo que halló, dice, le genera sorpresa porque son áreas muy cercanas a la ciudad capital, pero por su condición rural dan la impresión que estuvieran a horas de distancia de lo que se considera la metrópoli. Foto Grey Díaz.
La otra cara de la cuarentena. Eso es lo que muestra el fotógrafo Grey Díaz a través de su lente.
Foto tomada en Felipillo. La niña vive en una vivienda hecha de cartón comprimido y tiene un solo cuarto. Allí vive con sus padres y cuatro hermanos.
Esta imagen fue tomada en Guna Nega. Sen esa comunidad, los niños pasan la cuarentena, al aire libre, porque el lugar donde viven es muy precario.
Una lámina de zinc que funge como puerta, es lo único que separa a esta familia de Felipillo, de la calle, un lugar que por ahora es prohibido por la cuarentena.
Esta familia vive en el Chorrillo, se trata de la señora Niksa y su esposo el señor Pino, ambos viven en una vivienda de un solo cuarto con sus cinco nietos. En la noche un colchón en medio de la vivienda sirve de descanso para los niños.
Esta imagen es en el albergue la Estancia en el Chorrillo. Allí conviven más de 40 familias que han sido reubicadas luego de varios incidentes en sus zonas originales. Por años ese lugar que era temporal se ha vuelto permanente.
Así es la vivienda en Felipillo donde vive una familia completa en precarias condiciones y en plena cuarentena.
El señor Pino era el sepulturero del cementerio de Plaza Amador y con el cambio de administración gubernamental quedó desempleado.
En Guna Nega los niños pasan el día de cuarentena afuera en el patio.
Otra estampa de cómo viven las familias en el Albergue de La Estancia en El Chorrillo, donde más de 40 familias comparten baño y otras áreas.
Los niños de Felipillo pasan el día en su vivienda de un solo ambiente.
En Arraiján, varias familias viven en lotes de terrenos invadidos, donde han edificado casas improvisas de zinc sin servicios públicos formales.
Casas construidas con latas de zinc que conforman las viviendas rústicas en zonas invadidas de Arraiján.
En Guna Nega, este niño ve pasar los días, como cualquiera, para él la cuarentena no existe.
Esta abuela carga en sus brazos a uno de sus nietos, quien tiene una discapacidad en uno de los pies. Se trata de una familia en El Chorrillo.
Este señor trabajaba en la construcción, y sufrió un derrame cerebral que lo dejó postrado en silla de ruedas y sin empleo. Vive en Felipillo, junto a su familia en una vivienda de precarias condiciones.
Una de las 'casas' en Felipillo.
Así luce esta barriada de viviendas precarias, en una de las invasiones en Arraiján.
En la invasión en Arraiján, los niños andan descalzos.
Como si fuera hoy, recuerda que los niños, “felices”, saltaban en sus camas y les mostraban su improvisada vivienda, algo que le “partía el alma”, relata el reportero gráfico Grey Díaz. Foto Grey Díaz.
El trabajo de Díaz se ha centrado en lugares como Santa Ana, El Chorrillo, Felipillo, Guna Nega y San Miguelito en la provincia de Panamá, así como Arraiján, en Panamá Oeste. Foto Grey Díaz.
Lo que halló, dice, le genera sorpresa porque son áreas muy cercanas a la ciudad capital, pero por su condición rural dan la impresión que estuvieran a horas de distancia de lo que se considera la metrópoli. Foto Grey Díaz.
La otra cara de la cuarentena. Eso es lo que muestra el fotógrafo Grey Díaz a través de su lente.
Foto tomada en Felipillo. La niña vive en una vivienda hecha de cartón comprimido y tiene un solo cuarto. Allí vive con sus padres y cuatro hermanos.
Esta imagen fue tomada en Guna Nega. Sen esa comunidad, los niños pasan la cuarentena, al aire libre, porque el lugar donde viven es muy precario.
Una lámina de zinc que funge como puerta, es lo único que separa a esta familia de Felipillo, de la calle, un lugar que por ahora es prohibido por la cuarentena.
Esta familia vive en el Chorrillo, se trata de la señora Niksa y su esposo el señor Pino, ambos viven en una vivienda de un solo cuarto con sus cinco nietos. En la noche un colchón en medio de la vivienda sirve de descanso para los niños.
Esta imagen es en el albergue la Estancia en el Chorrillo. Allí conviven más de 40 familias que han sido reubicadas luego de varios incidentes en sus zonas originales. Por años ese lugar que era temporal se ha vuelto permanente.
Así es la vivienda en Felipillo donde vive una familia completa en precarias condiciones y en plena cuarentena.
El señor Pino era el sepulturero del cementerio de Plaza Amador y con el cambio de administración gubernamental quedó desempleado.
En Guna Nega los niños pasan el día de cuarentena afuera en el patio.
Otra estampa de cómo viven las familias en el Albergue de La Estancia en El Chorrillo, donde más de 40 familias comparten baño y otras áreas.
Los niños de Felipillo pasan el día en su vivienda de un solo ambiente.
En Arraiján, varias familias viven en lotes de terrenos invadidos, donde han edificado casas improvisas de zinc sin servicios públicos formales.
Casas construidas con latas de zinc que conforman las viviendas rústicas en zonas invadidas de Arraiján.
En Guna Nega, este niño ve pasar los días, como cualquiera, para él la cuarentena no existe.
Esta abuela carga en sus brazos a uno de sus nietos, quien tiene una discapacidad en uno de los pies. Se trata de una familia en El Chorrillo.
Este señor trabajaba en la construcción, y sufrió un derrame cerebral que lo dejó postrado en silla de ruedas y sin empleo. Vive en Felipillo, junto a su familia en una vivienda de precarias condiciones.
Una de las 'casas' en Felipillo.
Así luce esta barriada de viviendas precarias, en una de las invasiones en Arraiján.
En la invasión en Arraiján, los niños andan descalzos.