Francisco inició ayer su viaje apostólico a Irak, el primero tras casi un año de encierro por la pandemia.
Para la visita, el gobierno decretó un confinamiento total, aplicado por fuerzas especiales desplegadas en masa durante los tres días que durará la visita.
Sólo unos pocos cientos de fieles podrán asistir a sus misas y oraciones, junto con otros pocos miles a los que se les concedió un asiento en las gradas -con plazas vacías entre ellos- del estadio de Eril para una misa el domingo.
El presidente Barham Saleh se reunió con el papa ayer.
