En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, entre el 1 y el 22 de julio de 1944, Estados Unidos convocó a 44 países a una conferencia en Bretton Woods para consensuar el diseño de la economía de posguerra.
Entre los resultados del evento estuvieron la creación de las siguientes instituciones: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los gérmenes de la Organización Mundial del Comercio y las reglas del intercambio monetario, que estuvieron vigentes por poco más de un cuarto de siglo.
El próximo 22 y 23 de abril, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha convocado a la reunión más importante desde julio de 1944. Cuarenta líderes del mundo, del este y oeste, del norte y del sur, tiranías y democracias, deliberarán sobre la respuesta mundial al cambio climático y los ajustes que debe asumir la economía planetaria.
Los invitados
En el comunicado oficial de la Casa Blanca, fechado el pasado 26 de marzo, se anunció la lista oficial de los 40 mandatarios invitados a participar de la reunión. Están todas las potencias del mundo, mientras que por América Latina y el Caribe fueron invitados los siguientes países: Antigua y Barbuda, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Jamaica y México. No hay ningún país centroamericano invitado.
El país más pequeño que fue incluido son las Islas Marshall, con una superficie insular, excluyendo el mar territorial, de 181.3 kilómetros cuadrados y una altura máxima de 10 metros, lo que explica la razón de su invitación: el riesgo de desaparecer por el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático.
El listado preparado por la Casa Blanca es muy representativo, ya que incluye a los países que son los mayores productores de gases de efecto invernadero, junto a aquellas naciones que son claramente algunas de los más afectadas por el cambio climático. El encuentro es una exploración común para la construcción de un consenso mundial sobre la gran economía del siglo XXI y su primera gran responsabilidad, la de responder al desafío del cambio climático en tiempos de pandemia.
El reto global
En noviembre de este año se efectuará en Escocia la vigesimasexta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26).
La COP26 ha sido escogida como el foro en el que la comunidad internacional tiene que presentar compromisos serios de recursos económicos y de obligaciones de reducción de emisiones de CO2 para que el sistema mundial de adaptación y mitigación del cambio climático pueda funcionar.
El consenso científico es que la temperatura de la tierra no debe exceder de un aumento de 1.5 grados centígrados para finales de este siglo, a fin de evitar una catástrofe sin precedentes para la humanidad. Lograr esta meta implica importantes reducciones de los gases que causan el cambio climático, a más tardar en el año 2030.
En un informe del año 2019, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente afirmó que los países no estaban cumpliendo con sus compromisos de reducción de emisiones y que para alcanzar la meta se debían disminuir las emisiones de gases causantes del efecto invernadero en 7.6% por año, hasta 2030.
Es decir, las reducciones deben alcanzar el 55% debajo del nivel de la línea base de estos esfuerzos, que es el año 1990.
El comunicado de la Casa Blanca sobre la convocatoria a la reunión virtual del 22 de abril dice lo siguiente: “La cumbre de líderes sobre el clima enfatizará la urgencia –y los beneficios económicos– de una acción climática más fuerte. Será un hito clave en el camino hacia la Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26) este noviembre en Glasgow”.
Las propuestas
La gran meta de la comunidad internacional en materia de cambio climático es la descarbonización de la economía. En otras palabras, un menor uso o producción de CO2 en las actividades económicas.
Durante su campaña electoral, Biden propuso una iniciativa de 1.7 billones de dólares para que en el año 2050 Estados Unidos alcanzara cero emisiones netas de carbono, producto de la eficiencia tecnológica, el mayor uso de las energías limpias y la compensación interna de carbono emitido.
La Casa Blanca se ha mantenido muy reservada acerca de las propuestas que Biden llevará a la cumbre del 22 de abril. Esto indica que las negociaciones están en curso y que la verdadera intención de Estados Unidos es tener listo un marco de referencia para la COP26.
Diplomacia ambiental
Las codiciadas invitaciones a la cumbre virtual revelan un trasfondo de diplomacia y cabildeo: ¿Por qué está Jamaica y no República Dominicana? ¿Como se aseguraron Chile y Colombia sus puestos en la mesa?
Los países que tienen claro su horizonte económico entendieron la importancia de este evento y la gran transición que en materia económica y política se está viviendo el mundo.
En las elecciones panameñas de mayo de 2019, ninguna de las ofertas electorales había priorizado al cambio climático como uno de sus grandes ejes temáticos. La clase política panameña no aprecia la agenda ambiental mundial ni valora el potencial ambiental de Panamá. Hay una distorsión colectiva respecto a la percepción del futuro económico del país.
Panamá debió cabildear y luchar por una invitación a la cumbre del clima. Allí, sin nuestra participación, se iniciará la toma de decisiones sobre la nueva economía, que marcará el camino de los sectores emergentes de competitividad e inserción en la gran economía verde global. No podemos darnos el lujo de esperar a noviembre para que el Estado panameño se entere en Glasgow cuál es el rol que ocupará este país en un mundo descarbonizado y comprometido con evitar a toda costa los peores efectos del cambio climático.
El país necesita que a este tema se le de mayor prioridad antes de que el resultado signifique que estamos condenados a perder la gran oportunidad del siglo XXI.

