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Las élites empresariales y la captura del Estado panameño

Un estudio de los catedráticos Julián Cárdenas y Francisco Robles-Rivera revela el grado en que las élites empresariales de América Latina han penetrado los Estados. Panamá está incluida.

Las élites empresariales y la captura del Estado panameño
Julián Cárdenas, profesor de sociología de la Universidad de Valencia, ha estudiado profundamente la naturaleza del poder en América Latina. Cortesía

Julián Cárdenas, profesor de sociología de la Universidad de Valencia, y Francisco Robles-Rivera, de la Universidad de Costa Rica, presentaron una investigación ante el United Nations Research Institute for Social Development (Instituto de Naciones Unidas para el Desarrollo Social).

El estudio, denominado Business Elites in Panama: Sources of Power and State Capture (“Élites empresariales en Panamá: Fuentes de poder y captura del Estado”), expone sus hallazgos a partir de la realidad reciente de la historia panameña, reflexionando sobre el poder de las élites empresariales y cómo este fenómeno sería una de las explicaciones de la desigualdad de ingresos en el país, así como de los niveles de corrupción en la sociedad panameña.

La investigación, presentada originalmente en noviembre de 2020, por causas de la pandemia no recibió la divulgación merecida en Panamá. La Prensa entrevistó a Cárdenas, especialista en el análisis de redes y quien ha estudiado profundamente la naturaleza del poder en América Latina.

¿Por qué es importante estudiar el comportamiento de las élites empresariales?

Estudiar las élites es una forma para entender el mundo en el que vivimos. El precio de luz que pagamos es derivado de negociaciones entre élites empresariales y políticas. La calidad del aire que respiramos está condicionada por las decisiones en consejos de administración de grandes empresas. Incluso, se han creado guerras y conflictos bélicos por la influencia de élites empresariales sobre Estados. Las élites empresariales no lo condicionan todo, pero sí tienen un grado de influencia considerable en la economía de un país y las relaciones internacionales.

¿Cómo se determina que un Estado ha sido capturado por las élites empresariales?

Cuando las decisiones de un gobierno, asamblea y poder judicial se toman influidas por grupos de grandes empresas, se considera que un Estado está capturado. Se miden muchos indicadores para saber el grado de captura, como la existencia de sobornos para beneficiar la obtención de contratos públicos, las presiones para el diseño de leyes hechas a medida de un grupo empresarial o la independencia judicial. Así, podemos crear una clasificación.

Uruguay se considera el Estado menos capturado de América Latina y entre los más capturados estarían México, Nicaragua, Guatemala y Venezuela. Panamá está en este grupo de los capturados.

¿Por qué el caso de Panamá es distinto al del resto de América Latina?

Panamá es un caso llamativo y casi único en el mundo. Tiene instituciones de regulación del mercado estables y desarrolladas, y además una democracia estabilizada. Mucho más que sus vecinos de América Central, incluso mejor que Colombia. Sin embargo, tiene unos niveles de corrupción altísimos. ¿Por qué? Una explicación es por la alta influencia de algunos grupos empresariales en el Estado. Permitir que suceda esto favorece que surjan oportunidades de sobornos, coimas o pagos por debajo para conseguir contratos públicos. Además, si se permite en los niveles más altos del Estado, va creando una cultura permisiva con la corrupción en todos los niveles: desde alcaldes hasta escuelas. Puede llegar un momento en que ya no confiemos ni en vecinos ni en médicos, y ahí ya casi no hay vuelta atrás. Por ejemplo, mucha gente no respetó las normas de la Covid-19 impuestas por el gobierno en Nicaragua, ya que no confiaban en el gobierno debido a la altísima corrupción de la clase política.

¿Cómo se demuestra el poder de las élites empresariales en Panamá?

El dinero no lo es todo. Lo importante son los contactos. Si las grandes empresas tienen contactos con políticos que gobiernan, eso les abre una ventana de oportunidades inmensa. Se obtiene información clave sobre cómo serán las futuras legislaciones, se piden y se cobran favores, incluso se recomiendan y apoyan ministros.

¿Qué tan difícil fue desarrollar su investigación sobre la captura del Estado por las élites empresariales de Panamá?

Nada es fácil ni en Panamá ni en América Latina, ya que hay poca transparencia tanto de las empresas como de los gobiernos. No hay que tenerle miedo a la transparencia. Las personas que investigamos a las empresas y los empresarios generamos un conocimiento que incluso les puede ser útil a ellos. Por ejemplo, ocultar información sobre quién financia una campaña electoral solo lleva a que se especule quién lo hizo y cuánto donó, lo que puede llevar a exageraciones y simplismos.

¿Qué tiene de malo que la élite empresarial ejerza influencia sobre el Estado?

Nada. En todos los países y en todas las épocas los comerciantes han influido sobre los gobernantes. Pero si es exagerada esta influencia y basada en saltarse las leyes, deriva en altos niveles de corrupción y en que los políticos solo se muevan si antes han recibido “algo” de los empresarios.

¿Por qué es peligrosa la situación panameña?

Panamá es un buen país. Crece económicamente y se favorece el emprendimiento. Permitir que se ejerza y legitime la corrupción como algo habitual o verla con la idea de “estamos mejor que Nicaragua o Colombia”, solo puede llevar a pudrir el sistema. Y cuando el sistema está todo podrido, ya no hay manera de cambiarlo; ni siquiera durante los cinco años que dura la legislatura de una nueva asamblea o presidente.

¿Qué recomendaciones tiene usted para la sociedad civil, la ciudadanía y la academia en Panamá?

Tener una sociedad civil fuerte (asociaciones de pequeños y medianos empresarios fuertes, sindicatos libres y fuertes, incluso universidades potentes) favorece que, además de la influencia de las grandes empresas (la cual siempre va existir), exista la influencia de la sociedad civil. El papel de las cámaras de comercio locales, el de asociaciones de pequeños y medianos empresarios, es necesario y clave para que se legisle en favor de ellos también. Estos empresarios generan mucho empleo dentro del país.

¿Cuáles han sido los aprendizajes más importantes de la investigación de las élites latinoamericanas?

Las élites empresariales en Panamá y de otros países de América Latina, como Brasil, son muy diferentes internamente. Se las suele presentar como un cuerpo unido y con intereses similares, pero ni están unidos ni piensan lo mismo. Por eso es necesario investigarlas y entenderlas, para evitar pensar que las élites son enemigas del pueblo o bobadas de ese estilo.

¿Qué le dice a usted a los críticos que descalifican su investigación como una forma de propaganda velada en favor de la extrema izquierda?

Ni soy de extrema izquierda ni me paga la izquierda. Presentar a las élites como enemigas del pueblo, como hacen algunos políticos de extrema izquierda, sólo favorece populismos peligrosos. Y aplaudir y defender a los empresarios cuando han estado saltándose las leyes, como hacen algunos políticos de derecha, diciendo que son invenciones de la izquierda, también es peligroso, ya que hacen que la política pierda el poco crédito y legitimidad que le queda.

¿Se podría afirmar que la captura del Estado por parte de las élites empresariales es una herencia de la colonia española?

Hace 200 años que se fueron los españoles. Echar la culpa a la colonia es otro mantra que solo lleva al conformismo.

¿Cuál es su próximo proyecto de investigación sobre Panamá?

Con mi colega Fran Robles aprendí que los medios de comunicación son tan o más importantes que los políticos en los proyectos de las élites empresariales. Así que tengo las miras puestas en la televisión. En la prensa, en mi próxima vida.


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