Esta es la primera Navidad de Joe Biden como presidente de Estados Unidos. Luego de un duro año de crisis nacionales e internacionales, el mandatario se vuelve a encontrar con los viejos rivales de su gobierno: la Covid-19, la división en el Partido Demócrata y los ataques de Donald Trump.
Aunque la economía estadounidense generó más de 6 millones de nuevos empleos en el primer año de gobierno de Biden, la inflación causada por el aumento de los precios de la gasolina y la fragilidad de las cadenas globales de suministro, borraron la sonrisa del rostro de muchos estadounidenses.
Biden intentó capear el precio del petróleo coordinando con las potencias del mundo, incluyendo a China, Japón e India. Con la liberación simultánea de las reservas petroleras de estas potencias, el precio de los hidrocarburos empezó a caer, pero fue la aparición de Ómicron la que empujó hacia abajo a los mercados petroleros. A pesar de sus esfuerzos, Biden y las grandes cabezas empresariales y políticas del mundo no han resuelto el atasco logístico causado por la pandemia.
Ómicron
La aparición de la nueva variante de la Covid-19 descarriló una de las principales promesas del mandatario, que se había comprometido a que la Navidad del 2021 sería muy diferente a la del 2020. Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), Ómicron ya representa más del 92% de los contagios de la enfermedad en estados como Florida y Nueva York. El promedio diario de contagios supera los números iniciales del 2020 y, según pronósticos, podría alcanzar los 200 mil casos diarios para finales de mes.
El gobierno de Biden lanzó su primera serie de respuestas prometiendo que entregarían de forma gratuita 500 millones de tests de Covid-19 y a su vez aumentarían los sitios para vacunarse y para hisoparse como forma de detectar a la enfermedad. Biden no ha sido capaz de implementar la obligatoriedad de la vacunación para toda la población estadounidense, ni tampoco de exigir pruebas de Covid-19 para actividades reguladas por el gobierno federal, como viajes en trenes y vuelos de aviones de pasajeros.
En este frente, la noticia esperanzadora fue la aprobación de la pastilla Paxlovid de Pfizer por parte de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés). La pastilla es el primer antiviral aprobado en Estados Unidos para combatir a la Covid-19, ya que tiene un 90% de respuesta positiva capaz de detener la muerte y la enfermedad grave. Pfizer indicó, según CNN, que tomará algunos meses producir las millones de dosis necesarias para atender al mercado estadounidense. De acuerdo con BBC News, cada tratamiento de 5 días del medicamento tendrá un costo de $530. Tanto Pfizer como el gobierno de Estados Unidos han enfatizado que las píldoras no sustituyen a la vacuna. En un país con 75 millones de adultos no vacunados, eso no parece motivarlos.
¿Quién manda aquí?
El golpe más duro que recibió la administración Biden no se lo dio la economía ni la Covid-19; tampoco alguien del Partido Republicano. Su gobierno se vio sacudido por las declaraciones del senador demócrata Joe Manchin, de Virginia Occidental.
El Partido Demócrata controla la Casa Blanca, la Cámara de Representantes, y el Senado. En este último, los demócratas y los republicanos tienen 50 senadores cada uno y el empate se rompe, de acuerdo a la Constitución de Estados Unidos, por quien ocupe la vicepresidencia del país, en este caso Kamala Harris. A pesar de esta ventaja nominal, la administración de Biden se ha visto atrapada por la resistencia de Manchin frente a los más importantes proyectos del Partido Demócrata.
El ala progresista de los demócratas propuso un megaproyecto de expansión de los servicios sociales y la inversión del gobierno federal, para construir trenes de alta velocidad, ampliar la cobertura médica, convertir parte de la educación universitaria en gratuita y facilitar la inclusión de millones de estadounidenses. El proyecto tenía un costo inicial de 3 billones de dólares, pero Manchin insistió en reducir el proyecto para acercarlo a una cifra que consideraba menos riesgosa: 1,75 billones de dólares.
A pesar de su compromiso, Manchin anunció, en Fox, que no le daría su voto al proyecto social de Biden y que, luego de más de cinco meses de negociaciones, no lo iba a respaldar. El proyecto “Reconstruir Mejor” incluía casi $500 mil millones para combatir el cambio climático y un crédito fiscal que reduciría la mitad de la pobreza infantil del país.
La pateada de tablero de Manchin casi que asegura que los demócratas perderán, tanto la cámara de Representantes como el Senado, en las elecciones legislativas del 2022, dado que la fortaleza electoral del partido depende, según los expertos, de su capacidad de mejorar las políticas sociales.
El mapa de Trump
Los encontronazos con la realidad del gobierno de Biden han bajado su popularidad en las encuestas. Esto ha servido de aliento a los esfuerzos electorales del expresidente Trump. El magnate tiene su propia colección de problemas que incluyen casos judiciales en su contra (algunos anteriores a su mandato), la continua publicación de libros que documentan sus abusos de poder y el riesgo de golpe de Estado que afectó a Estados Unidos el 6 de enero del 2021. Además, empieza a enfrentar una pequeña rebelión de sus seguidores que se mantienen en el universo conspiranoico de la pandemia y que no comparten sus posiciones más moderadas.
Las encuestas de opinión han venido indicando la caída del apoyo a Biden, que tuvo su puntaje más alto de 56% de favorabilidad a principios de año, hasta caer en los meses de octubre a diciembre, en el rango de 42% a 44%, dependiendo de la casa encuestadora. Eso lo pone al mismo nivel que Trump. Si se toma en cuenta el margen de error, los puntajes de favorabilidad de Trump casi siempre lo ubican muy cerca del 40%.
Sabiendo todo esto, Trump ha convocado a una gran conferencia el 6 de enero de 2022, para conmemorar el primer año del ataque al Capitolio y exhortar al patriotismo estadounidense. El evento podría servir para el lanzamiento de su campaña de recaudación de fondos a favor de los candidatos republicanos para las elecciones legislativas. De esta forma, Trump amarra el futuro del partido al suyo propio.
La primavera de Biden
El fatalismo de una catástrofe electoral para los demócratas en las legislativas del 8 de noviembre de 2022, campea sobre la capital estadounidense. Los asesores cercanos de Biden apuestan a que el miedo a la derrota incentiva a los demócratas a tragar saliva para cooperar en una agenda común.
Los recovecos de la Covid-19 también podrían aumentar el respaldo al gobierno. Es posible que las nuevas medidas sanitarias, combinadas con un aumento de la vacunación y los nuevos medicamentos, le cambien la cara al coronavirus.
El frente sanitario no es la única oportunidad que se le puede abrir a Biden. Se espera que la conservadora Corte Suprema de Estados Unidos decida en junio del 2022 que el aborto deja de ser un derecho de las mujeres. Una decisión en tal sentido podría encender al electorado femenino y tomar la dinámica de la campaña electoral de noviembre.
De momento, lo que parece ser el principal deseo de Biden es que la población se vacune y cumpla con las medidas de bioseguridad para neutralizar a la Covid-19. No le caería mal que los Reyes Magos le traigan la unidad del Partido Demócrata.

