Es muy fácil pensar que nadie es imprescindible en esta vida, hasta que falta alguien como Thomas Ford. Su muerte inesperada este pasado sábado deja un enorme vacío en la vida de muchos niños panameños con problemas congénitos del corazón y otras aflicciones.
Tom fue un ser humano excepcional: desde el día que se jubiló se dedicó a servir a los demás y fue un ejemplo de voluntariado excepcional. Tenía su oficina en donde atendía y recibía a todo el que necesitaba ayuda. Allí acudían a diario padres con sus hijos para presentarle su caso y para que Tom los ayudara.
Conocí a Tom en el Hospital del Niño, donde él fue miembro del Patronato por muchísimos años, en representación del Club Rotario de Panamá. Por más de 10 años me senté al lado suyo cada miércoles y junto con los otros miembros, representando, además del Club Rotario, al Club de Leones y a la Sociedad Protectora del Hospital del Niño, lo veíamos llegar con su libreta negra en mano, en la que anotaba todo y siempre tenía algún caso complicado que atender. Recuerdo ejemplos, como tener que enviar a un niño enfermo a operarse en Estados Unidos sin que el infante tuviera certificado de nacimiento o padres presentes. Tom lograba sacarle pasaporte y visa americana a él y a su acompañante. Decíamos que tenía conexiones directas con Dios y la embajada, y nadie más lograba lo que él hacía. Tenía contactos en hospitales americanos, en los que le abrían puertas para lograr que hasta los casos más difíciles fueran aceptados.
Conseguía voluntarios, que muchas veces venían de Estados Unidos como acompañantes y viajaban con los niños enfermos. Tom siempre tenía a alguien a quien buscar en Tocumen, y muchas veces él y su inseparable y maravillosa esposa Julee los hospedaban en su casa hasta el momento de viajar. A través de la Fundación Obsequio de Vida del Club Rotario de Panamá, Tom envió a cientos de niños para ser operados del corazón.
Pero este no fue el único sombrero que llevó Tom. Además de ser miembro activo del Patronato del Hospital del Niño, fue miembro de la Fundación Pro-Impedidos, Niños Sanos: Niños Felices, Fundación Pide un Deseo, Asociación Panameña de Industrias de Buena Voluntad, Operación Sonrisa y participaba en varias más.
Su vida la dio para otros y no tenía descanso; paraba su carro cuando veía a alguien que necesitaba silla de ruedas y le pedía los datos para dirigirlos a la Fundación Pro Impedidos y así lograr que la consiguieran. Fue voluntario estrella de todas las fundaciones a las que perteneció, y a través de él también se especializaron médicos que hoy día brindan sus servicios en el Hospital del Niño. Su sueño más grande era que algún día el programa de cirugías cardiovasculares en el Hospital del Niño funcionara con eficiencia.
Al final, su propio corazón le falló y perdimos a un gran hombre.
Hasta luego, Tom.
