La negativa de Venezuela de recibir a una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) demuestra el miedo del régimen de Nicolás Maduro de que se conozca la realidad del país, dijeron ayer los comisionados rechazados por Caracas.
“Interpretamos esta medida como algo que representa un miedo, es propio de regímenes autoritarios no abrirse al escrutinio internacional en materia de derechos humanos”, dijo Paulo Abrao, secretario ejecutivo.
La CIDH había previsto una visita a Venezuela desde ayer y hasta el 8 de febrero, pero el régimen había advertido que no la autorizaba. La presidenta, Esmeralda Arosemena, Abrao y el relator para la libertad de expresión, Edison Lanza, contaron que cuando se disponían a tomar su vuelo, la aerolínea panameña Copa no les permitió abordar por la negativa de Caracas.
“Es una situación lamentable”, porque la CIDH tiene un mandato para observar la situación de los derechos humanos “en todo el continente, pero particularmente en países en crisis”, dijo Arosemena, quien acotó que ya tenían un “plan B”: recibir en Cúcuta, Colombia, a organizaciones venezolanas el jueves y viernes.
