SOSTENIBILIDAD

Un mercado para todos

En un extremo huele a hierbabuena, albahaca y orégano. En el otro, a esencias de lavanda o de violeta. Se trata de los mercados urbanos de la Ciudad del Saber, que se organizan una vez al mes y en los que se puede encontrar gran cantidad de productos orgánicos y de pequeños productores.

En un espacio de unos cuantos metros hay huevos, hongos, galletas, hamburguesas, limonada con raspadura, legumbres, juegos para niños, perfumes, jabones, velas y una gran cantidad de productos que son vendidos por los propios productores o artesanos.

Un mercado para todos
Un mercado para todos

La iniciativa, según afirma la administración de Ciudad del Saber, “tiene como objetivo promover la agricultura sostenible y la producción artesanal, así como facilitar el intercambio comercial entre la comunidad y fincas de producción orgánica e iniciativas similares”.

Un fin de semana al mes, personas de diferentes barrios se reúnen en ese pequeño espacio público, frente a la plaza de comidas de Ciudad del Saber, que se ha transformado en un microcosmos con diferentes tipos de productores y de diferentes nacionalidades.

En una esquina, un grupo de niños de más de 10 años juega ajedrez en el suelo, detrás de un puesto de jabón. En la otra, niños pequeños juegan sobre un mantel en el que hay de todo tipo de juguetes. Al final de ese mismo pasillo, varios locales venden comida: alimentos veganos, carne de res, ceviche, galletas. Hasta cerveza artesanal.

Un mercado para todos
Un mercado para todos

El proceso de selección de los locales que participan cada vez que se organiza el mercado intenta agrupar emprendimientos con sistemas de producción comprometidos con la sostenibilidad ambiental o con la elaboración de productos naturales pensados para un cuidado integral de la salud. Quienes estén interesados en vender sus productos pueden aplicar en su sitio web para ser tomados en cuenta.

Todos los meses hay nuevos locales, así como locales que dejan de asistir.

Entre los comercios existe una camaradería que se nota. Conversan entre ellos, se cuidan los puestos, se ayudan. Comparten. Parecieran no regirse por la competencia voraz que se ha vinculado a la industria de alimentos.

Un mercado para todos
Un mercado para todos

El arte también está presente. No solo en el galpón que alberga al mercado y en cuyo techo hay pintadas dos aves que vuelan en medio de un bosque azul, y que fue pintado por la artista Camila Bernal, conocida como Remedios.

Al final de uno de los pasillos hay una pared amplia, de fondo verde, en la que se destaca una inmensa águila harpía que parece sonreír. Justo al frente de aquel mural, una hamaca para quienes se quieran relajar mientras hacen mercado.

El mercado de la Ciudad del Saber, más que un punto de encuentro o de abundancia de alimentos producidos de forma sostenible, es quizás un pequeño plan piloto de cómo funcionaría la ciudad con pequeños mercados en los barrios. Que para comprar los alimentos no haya que ir hasta el Mercado de Abastos a competir contra los mayoristas, ni a los supermercados que alargan la cadena del llamado “del campo a la mesa”. El mercado de Ciudad del Saber es un ejemplo de que otro tipo de ciudad es posible.

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