Cientos de migrantes hondureños que abandonaron su país formando una caravana se acercaron ayer a la frontera entre Guatemala y México, convencidos de que lograrán llegar a Estados Unidos (EU), dejando atrás la pobreza y la violencia.
Tras cruzar Guatemala, empezaron a concentrarse en dos pasos fronterizos con México, principalmente en Tecún Umán (suroeste), una ruta que utilizaron caravanas anteriores para entrar en el territorio mexicano.
El grupo forma parte de los más de 3 mil 500 hondureños que el martes por la noche salieron de San Pedro Sula, a 180 kilómetros al norte de Tegucigalpa, y empezaron a dispersarse tras entrar en Guatemala.
Petición de asilo en EU
Las caravanas provocaron la ira del presidente estadounidense Donald Trump, que presionó a Guatemala, Honduras y El Salvador para firmar acuerdos con la intención de contener la migración ilegal. Los acuerdos buscan que solicitantes de asilo en Estados Unidos aguarden en el norte centroamericano mientras se resuelve su petición.
Avanzan a pie o subidos en camiones y autobuses, pese a la advertencia del presidente guatemalteco Alejandro Giammattei, de que México no los dejará entrar.
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ofreció, sin embargo, empleos a la caravana de migrantes hondureños que, según las autoridades migratorias de Guatemala, está integrada por 3 mil 543 personas, incluidos niños.
“Nuestro objetivo como caravana es que todos logremos cruzar la frontera como sea, el objetivo es Estados Unidos”, dijo Luis Orellana, de 24 años, durante su caminata.
“Ha sido un viaje muy cansado y agotador, pero la verdad que la lucha es para un futuro mejor”, agregó Luis, quien espera conseguir empleo para ayudar a sus padres en Honduras.
La migración histórica de centroamericanos a Estados Unidos, empujados principalmente por la falta de empleo y el acoso de las pandillas, dio un giro en 2018 con la salida de caravanas masivas convocadas en redes sociales. “Sea como sea vamos a pasar, porque no queremos que nuestro esfuerzo se quede en vano”, agregó Karen Cárcamo, una joven de 18 años que escapa del desempleo.
