Un informe del Programa Ampliado de Inmunización (PAI) del Ministerio de Salud (Minsa) muestra que el año pasado se logró aplicar un millón 890 mil 954 vacunas, de los 2 millones de dosis adquiridas.
El documento detalla que se descartaron 109 mil 46 dosis debido a situaciones como frascos abiertos, fallas en su refrigeración y por estar caducadas.
Mientras, el pasado año 2016, cuando se reportó un aumento de las infecciones respiratorias agudas y graves —lo que movilizó a buena parte de la población a las instalaciones sanitarias— se compraron 2 millones 685 mil 800 dosis, de las cuales se recetaron 2 millones 575 mil 147. El resto fueron descartadas.
En 2017, se descartó el 5.4% (109 mil 46) de las dosis adquiridas. En 2016, se desechó el 4.1% (110 mil 733).
No obstante, estos porcentajes son bajos en comparación con lo que se botaba en —por ejemplo— el año 2009, cuando se perdió el 30.3% (357 mil 467 vacunas) o 2014, cuando se descartó el 25.9% (264 mil 250).
La jefa del PAI, Itzel Hewitt, explicó que la aplicación de las vacunas ayuda a proteger a la población en general, porque tienen un “efecto de rebaño”.
Con esta frase, Hewitt hacía alusión a que la persona vacunada está protegida, pero también los que están a su alrededor, porque no corren el riesgo de contraer una enfermedad a través de ellos.
Agregó que el esquema de vacuna de Panamá cuenta con 23 vacunas, los cuales protegen a la población de 30 enfermedades. La mayoría se aplica en los primeros cinco años de vida de las personas.
Informes del Minsa, además, dan cuenta de que para la compra de estas vacunas se destinan $10.9 millones al año.
Durante la Semana de Vacunación de las Américas se priorizan las dosis para niños menores de cinco años de edad, embarazadas y adultos mayores.
