La historia fronteriza entre México y Estados Unidos está marcada por una larga lista de tragedias. Día a día, un inmigrante intenta cruzar con suerte el gran muro que divide ambos países, pero la búsqueda del sueño americano de estas personas, en ocasiones, deja muerte y dolor en sus familias.
Y es que los inmigrantes que emprenden su viaje hacia Estados Unidos se encuentran con unos mil 80 kilómetros de muro y cerca, que actualmente cubre el 34% del total de los 3 mil 145 kilómetros entre los dos países, así como el muro natural que es el río Bravo y el desierto de Sonora, llamado también desierto de Gila.
La gran mayoría de las barreras limítrofes ha sido edificada a lo largo de las fronteras de California, Arizona y Nuevo México. En Texas, donde el río Bravo sirve de frontera natural, solo hay unos 160 kilómetros de vallas en áreas urbanas.
Las vallas están construidas con diversos materiales, como planchas metálicas, otros con malla reforzada y unas con inmensos tubos de acero. Además, es un área vigilada por patrullas, luces, cámaras y drones.
Por ejemplo, en el muro fronterizo de metal entre San Diego, Estados Unidos, y Tijuana, México, es sorprendente y se puede observar un gran lienzo simbólico donde las personas con familias divididas, deportados o artistas han convertido la división en una paleta de reflexión y color en la que dibujan y escriben mensajes a sus familiares o de protesta, aunque del otro lado no los puedan ver o leer.
Frases, dibujos, palabras y cruces de madera convierten el lugar en uno de desahogo y catarsis.
Entre los mensajes que se pueden leer están: “No más muro, necesito los postes para construir mi casa”, “Familia, los extraño”, “Regresaré a Estados Unidos”.
Las grandes láminas de metal también son vistas como un buzón de mensajería para familiares, deportados y artistas que quieren exponer su punto de vista o dar voz a una comunidad.
PUERTA ABIERTA
En el área limítrofe a la altura del faro, en playas de Tijuana, se encuentra una inmensa puerta que fue abierta el pasado domingo 19 noviembre, en la que solo seis familias se encontraron por un período de tiempo de 20 minutos.
Esta es la cuarta vez que se abre la conocida Puerta de la Esperanza, desde que se realizó la primera apertura en 2013, en colaboración entre la organización Ángeles de la Frontera y la Patrulla Fronteriza. La primera vez que se abrió este año fue el pasado 30 de abril.
Vicente Calderón, coordinador editorial de Newsweek Baja y fundador de Tijuana Press.com, señala que la oportunidad es aprovechada por las familias mexicanas para poder abrazar a ese ser querido con quien llevan meses o años de no tener un contacto físico por motivos de deportación.
Añadió que en la administración del presidente estadounidense, Barack Obama, han sido deportados 2 millones de mexicanos, y se estima que hay 11 millones de indocumentados en el país.
Informes del Centro Binacional de Derechos Humanos en Tijuana muestran que el promedio de deportados por día es de 100 personas, entre mexicanos y centroamericanos.
En ese sentido, Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos, explicó que de cada 20 deportados, uno queda en condiciones de indigencia, pues en su mayoría las personas deportadas mayores de 35 años no tienen un futuro en Tijuana.
La situación se evidencia en los 10 albergues que tienen para brindar asistencia a los expulsados, a quienes sus vidas les cambian en cuestión de horas al pasar de Estados Unidos a México. “Lamentablemente, los deportados son considerados como fracasos al ser devueltos”, dijo.
COYOTES AL ACECHO
Ante las barreras para cumplir el sueño americano, los coyotes son la opción para llegar a Estados Unidos.
Estos traficantes de personas cobran hasta 13 mil dólares. Los precios más bajos de los coyotes están entre 6 mil y 7 mil dólares, según datos del Centro Binacional de Derechos Humanos.
Mientras, en la década de 1990, los precios de los coyotes oscilaban entre 250 dólares y 300 dólares.
Dos promesas que provocan inquietud
Desde 1990, Estados Unidos ha construido en diferentes etapas muros y cercas para evitar el paso de inmigrantes ilegales; sin embargo, el flujo migratorio no se ha detenido.
Por ello, durante la campaña electoral, el hoy presidente electo de esa nación, Donald Trump, prometió la construcción de un muro en la frontera con México; además, deportar a aquellos que hayan cometido crímenes en Estados Unidos, como pandilleros, traficantes de drogas, así como inmigrantes indocumentados. La iniciativa presidencial causa reacciones en diferentes sectores de las sociedades mexicana y estadounidense.
Juan Manuel Hernández, miembro de la Confederación Patronal de México, señaló que lograr construir un muro no es tarea fácil. Agregó que por décadas han sido socios de Estados Unidos y su brazo de manufactura, pero las promesas de Trump causan incertidumbre en la población y en los comerciantes.
