El maestro Edidio Bonilla confiesa que cuando era niño, sus tíos lo invitaron a tomar un caldo que le pareció delicioso, pero que su paladar nunca había registrado.
“Supe después que era sopa de loro, ave que volaba en bandadas y que venía de las costas hacia las tierras altas”, dijo.
Hoy como ambientalista siente algo de vergüenza en confesar que en aquellos años de su infancia rural los campesinos tenían como costumbre capturar a las hermosas aves de verde color y consumirlas.
Las aves venían en septiembre y en octubre para comer las semillas de un árbol que floreaba en mayo con un color amarillo sorprendente, pero hace unos 40 años el hábitat de estos pájaros fue cambiado radicalmente por la mano del hombre, indicó.
En Potrerillos y parte de Boquerón se estableció la compañía estatal Cítricos de Chiriquí y cientos de hectáreas fueron cambiadas al monocultivo de la naranja, relata Bonilla, lo que dejó sin árboles de mayo la zona y por ende a las aves sin sus frutos preferidos.
“Siguen surcando los aires, pero no en la cantidad magnífica de aquellos años”, dijo Bonilla.
La venganza de los loros
Como los dejaron sin frutas para alimentarse, los alados empezaron a comer naranjas.
Bonilla recuerda que la naturaleza se tornó en contra de quienes tomaban a los loros como presas, pues la carne de loro, antes deliciosa, se tornó amarga y poco a poco dejó de ser consumida por los campesinos en la década del 70 del siglo pasado, relató.
“Fue como una venganza biológica. Parecía como que el cosmos sentenció: Si los dejas sin frutos, tampoco los comerás”, indicó.
Los productores de naranja de las zonas altas de Boquerón, donde se cosechan cítricos que se llevan a vender a los mercados en David, sufren pérdidas anuales severas por el ataque de los loros a los frutos.
José, un productor que pidió reserva de su identidad, aseguró que una bandada de loros puede arruinar un naranjal si no se toman medidas.
“Nos vemos obligados a espantarlos con escopetas y rifles. Si ellos saben que los están cazando suelen irse. Son muy astutos”, declaró.
Soluciones
Para algunos especialistas en biología de Chiriquí la solución es que se vuelvan a cultivar árboles frutales, de manera que las especies puedan alimentarse de frutos que son sus preferidos.
Demetrio Miranda dijo que el comportamiento de los loros en Boquerón no es más que una simple adaptación natural al verse obligados a cambiar de dieta.
“Las iguanas que viven en zonas urbanas son capaces de atacar un huerto de chayotes, por ejemplo, si escasean los árboles y los talingos se han mudado a los parques de las ciudades porque su número está en crecimiento y hasta se atreven a comer las sobras en los restaurantes”, explicó Miranda.
Liliam Volta, también bióloga, expresó que a los productores de naranja hay que educarlos para que les den opciones a las aves con árboles frutales, pero además se pueden instalar sistemas de sonido que las ahuyenten de los cultivos.
ANAM
Mientras tanto, la directora regional de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), Yilka Aguirre, declaró que en la vía Interamericana es muy común ver cazadores de loros ofreciéndolos a la venta, lo que está prohibido.
“Se rebelan y necesitamos replantear la forma de hacer los operativos, pues para quitarle las aves habría que utilizar la fuerza policial”, señaló.
En cuanto a control biológico de aves, explicó que hay en agenda un convenio binacional con Costa Rica para estudiar la realidad en la zona fronteriza de ambos países.
