Dirigentes de los países occidentales afirmaron ayer ver “señales positivas” tras la retirada parcial de las tropas rusas desplegadas cerca de la frontera con Ucrania, cuya presencia hacía temer una invasión.
El ministerio ruso de Defensa anunció, poco antes de un encuentro en Moscú entre el canciller alemán Olaf Scholz y el presidente Vladimir Putin, que una parte de los 100 mil soldados desplegados regresaba a sus cuarteles ayer mismo. Difundió varias imágenes con tanques cargados en un tren.
El presidente ruso confirmó esta “retirada parcial”, pero ni el Kremlin ni el ejército detallaron la envergadura del repliegue. Paralelamente, Rusia sigue realizando maniobras militares en Bielorrusia, vecino de Ucrania, que durarán hasta el 20 de febrero.
Los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, y de Estados Unidos, Joe Biden, calificaron el anuncio de “primer signo alentador”, en una conversación telefónica, aunque insistieron en la necesidad de “verificar” el inicio del repliegue.
“El hecho que sepamos ahora que algunas tropas están siendo retiradas es una buena señal. Esperamos que otras seguirán”, declaró Scholz en una rueda de prensa junto a Putin.
Poco antes, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, había manifestado su “optimismo prudente”, aunque dijo que esperaba una “señal de desescalada”. “Las palabras, están bien. Pero esperamos acciones”, dijo por su parte el jefe de la diplomacia francesa, Jean-Yves Le Drian.
La retirada de algunas tropas también fue bien recibida en Ucrania, cuyo canciller, Dmytro Kuleba, dijo que su país, junto a sus aliados occidentales, lograron “impedir una nueva escalada rusa”.
Putin, en cambio, aseguró que “por supuesto” no quiere una guerra, pero reiteró que la expansión de la OTAN y la aspiración de Ucrania de formar parte de la alianza atlántica constituyen una amenaza para Rusia.

