El papa llegó como una auténtica estrella del pop al Campus de la Misericordia donde le esperaba un millón de jóvenes llenos de ilusión para participar en la vigilia de la ceremonia de clausura de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud y pronunció uno de los discursos más inspiradores de todo su pontificado.
“No hemos venido al mundo a vegetar, sino a dejar huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar huella”, clamó ante la multitud de peregrinos que vibraba con su canto a la libertad. Por ello, les instó a defender su “dignidad” y a no dejar “que sean otros los que decidan nuestro futuro”.
“Dios espera algo de ti, Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo contigo puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no será distinto”, explicó haciendo sentir a esos jóvenes que son la última esperanza.
Jorge Mario Bergoglio dijo que uno de los peores “males” de la sociedad es “sentir que en las ciudades ya no hay espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes” y en definitiva “para vivir”. Durante su alocución, denunció los peligros que pueden mancillar la juventud, como la búsqueda de la “comodidad” que lleva a la “parálisis silenciosa” y el “consumismo” que hace perder la libertad. “Es lo que más nos puede perjudicar, ya que poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados, mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros”, indicó.
“Es cierto que la droga hace mal, pero hay muchas otras drogas socialmente aceptadas que nos terminan volviendo tanto o más esclavos”, exclamó al alentar a los jóvenes a no ser “suplentes” sino “protagonistas” de su propia vida.
Tras escuchar con pesadumbre la dolorosa experiencia de una joven de Siria, el papa –que antes de este acto rezó por las víctimas inocentes de la violencia y el terrorismo en la iglesia de San Francisco en Cracovia- tuvo palabras para implorar la fraternidad de los pueblos. “Nosotros no queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror”, recalcó con un claro grito por la paz en el mundo.
Asimismo, reflexionó sobre el sentimiento del “miedo” que “solo conduce al encierro” y pidió fijar la mirada en los que une y no en los que separa. “Celebremos que venimos de culturas diferentes, unámonos para rezar. Que nuestra mejor palabra, que nuestro mejor discurso, sea unirnos en oración”, exclamó defendiendo la mezcla de culturas y la apertura de fronteras. Y añadió: “Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza, sino como una oportunidad: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros”.
Bergoglio –que hoy domingo anunciará la ciudad que acogerá la próxima JMJ en 2019- conquistó a la marea de gente con palabras sencillas que apuntaban al corazón y preguntó en varias ocasiones: “¿Queréis ser libres, estar despiertos y luchar por vuestro futuro?”. La respuesta de los jóvenes fue un sí al unísono. Su reflexión fue una arenga de confianza para los que están desmoralizados y han perdido toda esperanza en un mundo mejor. El día del papa comenzó rindiendo homenaje a Juan Pablo II y terminó con un animado concierto de la famosa cantante israelí Noa.





