Los disturbios que estallaron tras la muerte de un afroestadounidense a manos de la policía el pasado lunes 25 de mayo no se detuvieron el fin de semana pese al toque de queda en varias ciudades grandes de Estados Unidos.
El presidente Donald Trump prometió detener la violencia extendida desde Minneapolis, donde George Floyd, de 46 años, murió durante su arresto.
En esa localidad de Minnesota, en el norte del país, la policía antidisturbios cargó contra los manifestantes que incumplían el toque de queda en la quinta noche consecutiva de violencia, y utilizó granadas aturdidoras y bengalas de humo para dispersar la protesta.
También hubo choques entre manifestantes y la policía en Los Ángeles, Chicago, Filadelfia y Atlanta, entre una decena de grandes ciudades estadounidenses donde las autoridades decretaron toques de queda ante la escalada.
Varios estados, como Minnesota, pidieron asistencia de la Guardia Nacional para controlar los levantamientos.
En los Ángeles las fuerzas de seguridad dispararon balas de goma y usaron sus bastones para intentar frenar a los manifestantes que incendiaron un móvil policial y saquearon tiendas.
De Seattle a Nueva York, decenas de miles de manifestantes reclamaron cargos más duros contra los policías implicados en la muerte de Floyd, quien murió después de que el policía Derek Chauvin lo mantuviera de bruces contra el suelo durante casi nueve minutos, arrodillado en su cuello.
