Cincuenta y dos personas siguen hospitalizadas después de los atentados suicidas en el aeropuerto Ataturk de Estambul que dejaron al menos 44 muertos, dijeron ayer las autoridades turcas en su último informe.
La oficina del gobernador de Estambul informó que 184 personas ya fueron dadas de alta, incluyendo 13 ayer; mientras que 20 personas siguen recluidas en cuidados intensivos.
Tres extremistas armados con fusiles de asalto y explosivos atacaron uno de los aeropuertos más transitados del mundo el 28 de junio.
Aunque nadie ha reivindicado el atentado, las autoridades turcas dicen que piensan que fue obra del Estado Islámico.
Las autoridades han detenido al menos a 24 personas en operaciones en varios vecindarios de Estambul. Otras 17 fueron arrestadas en la provincia de Gaziantep, dijo la agencia noticiosa estatal Anadolu.
Fiscales han establecido las identidades de dos de los atacantes —Rakim Bulgarov y Vadim Osmanov— y están tratando de identificar al tercero, dijo Andalou. Otros medios de prensa han dado versiones diferentes del nombre de Osmanov.
Se dice que los investigadores se están enfocando en determinar si un extremista checheno que sería cabecilla del Estado Islámico fue el autor intelectual.
El pasado viernes, un diario turco reveló que los tres kamikazes del aeropuerto de Estambul, filmados por cámaras de vigilancia, podrían haber perpetrado una matanza aún mayor puesto que habían previsto tomar como rehenes a decenas de viajeros antes de hacerse estallar.
En tanto, el legislador estadounidense Michael McCaul, jefe de la comisión de seguridad nacional en la cámara baja, dijo a CNN que el checheno Akhmed Chatayev dirigió el ataque.
La CIA y la Casa Blanca se negaron a comentar sobre la declaración de McCaul y funcionarios dijeron que la investigación está en curso. No se pudo contactar a McCaul para comentar al respecto.
Funcionarios turcos además no confirmaron el posible papel de Chatayev en el ataque. El periódico Sabah, cercano al Gobierno turco, manifestó que la policía está buscándolo.
El Estado Islámico, que ha usado la porosa frontera turca para establecerse en Siria e Irak, ha amenazado repetidamente a Turquía. A su vez, Turquía ha atribuido al grupo extremista varios ataques con bombas en Ankara y Estambul.
