ARTE. VÍCTOR OSWALD BRUCE GRAVES

Un pincel que no se olvida

Bruce pertenece a una generación de artistas surgidos de las entrañas del pueblo, que luchó por mostrar vivencias de la panameñidad cotidiana.

Un pincel que no se olvida
Una mirada pintoresca de la famosa Casa Müeller, en Calidonia, realizada por el pintor Víctor Oswald Bruce Graves.

El pasado 7 de enero falleció en esta ciudad el pintor panameño Víctor Oswald Bruce Graves a la edad de 85 años.

Fue un hombre de espíritu independiente, con una gran dosis de voluntad, inventiva y talento artístico innato, que no se dejó atrapar por los convencionalismos y patrones de la sociedad de entonces.

Ello le convirtió en un ser solitario que luchó para mantener su estilo, pero al que su independencia no le permitió evolucionar con los tiempos ni ser reconocido por las nuevas generaciones.

Nació el 21 de febrero de 1930, en la provincia de Colón, de padres inmigrantes afroantillanos. Su padre era natural de Jamaica y su madre, de Santa Lucía.

La pareja llegó en la década de 1920 y se estableció en el pueblito de Frijoles, un caserío de la Zona del Canal, a orillas de la línea del ferrocarril de Panamá, y que hoy ya no existe.

Allí nacieron Víctor y sus hermanos: Oliver, apodado artísticamente Bruzolli; y Robert. Víctor se inició como rotulista, pero sentía que no podía estancarse en un oficio mecánico como ese y, por consejos de amigos, decidió tomar un curso de dibujo y pintura artística por correspondencia.

Una vez se sintió capaz de crear con los pinceles, tomó la decisión de no ser más un simple empleado del silver roll canalero y se dedicó a su pasión: el arte.

Hizo sus pinitos pictóricos de decoración comercial pintando escenas alusivas a los estrenos cinematográficos que ofrecía el teatro París. Transcurría la época de la posguerra (1945-1950).

Ello lo alternó con la pintura decorativa de interiores para algunas empresas que ya advertían de su talento en ascenso. Fue así que decoró bares, hoteles, restaurantes y empresas de la recién creada Zona Libre de Colón.

SUEÑOS

No obstante, Bruce Graves no se resignaba a buscar el sustento con la pintura comercial. Su pasión por el arte crecía. Fue entonces que decidió dejar la ciudad de Colón y mudarse a Panamá.

Su talento empezó a ser reconocido por su calidad. Su irrupción en el mundo artístico se fue afirmando cuando empezó a participar en concursos pictóricos.

Dado que en esa época, de 1960 a 1970, la situación económica del país no era la mejor, el artista alternaba su pasión por el arte con la pintura comercial, en particular, la publicitaria.

Fue en la década de 1970 cuando llegó la época de oro de Víctor. Conoció a Demetrio Basilio Lakas, colonense como él, presidente de la República designado, quien le propuso ser el pintor oficial de la Presidencia, pero prefería pintar sin seguir encargos. No aceptó.

Una especialidad en la que descolló fue el retrato al óleo sobre lienzo. Su precisión era impresionante, y le llovían clientes locales y extranjeros. Son suyos los retratos de los contralores que aún reposan en el edificio de la Contraloría General de la República.

Vio la oportunidad de ofrecer sus obras a los visitantes y turistas de la Feria Internacional de David, y se embarcó con decenas de cuadros para Chiriquí. Le agradó la provincia. Allí creó una escuela, la Gran Academia Chiricana de Artes, donde empezaría a enseñar entre 1970 y 1973.

Su obra

En Bruce Graves dominan los temas cotidianos, folclóricos, paisajes, escenas de la calle, como la Casa Müeller, en Calidonia, al igual que el frontis del billar Aurora y personajes populares.

Su producción fue prolífica. Exponía su arte al aire libre. Sus cuadros se extendían desde el parque Urracá hasta el Club de Yates y Pesca, en la avenida Balboa, donde paraban muchos turistas y gente adinerada para llevarse una de sus obras.

En una breve reseña, el promotor cultural Ramiro Pinzón destaca que en la década de 1990 sus obras “dieron un giro en sus temáticas”. No era extraño verlo sentado en un café frente al público, haciendo retratos en vivo y utilizando técnicas como el pastel y el lápiz.

Luego, al llegar a los 70 años con el nuevo siglo, Bruce Graves se embarca en nuevos temas que incluirán figuras abstractas, líneas mixtas, manchas, pinceladas ligeras y la más destacada, según Pinzón, la pintura en blanco y negro mediante la técnica del acrílico con espátula.

En su pintura, Bruce Graves se niega a ser olvidado.


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