El Ministerio de Educación (Meduca) tiene la tarea de tomar medidas urgentes para reparar los vacíos causados en la formación de los estudiantes, luego de la interrupción sin precedentes provocada por la pandemia de la enfermedad Covid-19, que ha generado un retroceso en los niveles educativos en perjuicio de los alumnos.
El panorama de la situación fue planteado por Horacio Álvarez Marinelli, especialista senior en Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y Javier González, director del Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe (Summa), en el webinar “Educación versus salud, cómo equilibrar ambos derechos”, organizado por el Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación (Copeme), ente asesor y consultivo adscrito al Meduca.
Los números y análisis presentados por los especialistas en educación brindan la respuesta a ¿por qué es imperativo que los estudiantes panameños vuelvan a las aulas de forma presencial lo antes posible?
Durante su intervención, Álvarez Marinelli enfatizó en que, antes de la pandemia, alrededor del 67% de los niños de Panamá tenía pobreza de aprendizaje —incapacidad de un niño de 10 años para leer un texto simple y comprenderlo—, un porcentaje por encima del promedio que registra América Latina y el Caribe, de 51%, el cual también es muy alto, añadió.
Remarcó que antes de la pandemia tanto en el sector particular como en el oficial ya se observaban desafíos importantes en la comprensión lectora en temas que son más básicos, y puso como ejemplo que en el sector oficial un 24.3% de los niños enfrentaban dificultades con el sistema alfabético, que es el eje fundamental en que se basa la capacidad de lectura, la compresión posterior y sobre el cual se sustenta la comprensión de todas las demás materias.
En el sector particular este rezago afectaba a un 15.4% de los niños.
La realidad que espera a Panamá en el tema educativo es poco alentadora, y las estimaciones del Banco Mundial indican que hasta un 83% de los estudiantes podría encontrarse por debajo del nivel mínimo de rendimiento académico, dependiendo de la prolongación de los cierres de los centros educativos y del grado de exposición de los niños a la educación no presencial.

“Esto quiere decir que 4 de cada 5 estudiantes enfrentarán problemas de comprensión lectora si no actuamos al respecto”, precisó.
El especialista en educación del BID sostuvo que a pesar de todos los esfuerzos del país de llevar la educación a distancia no se puede comparar a la presencial, especialmente al momento de la enseñanza de la lectura.

Los estudios en educación indican que aquellos estudiantes que tienen un rendimiento bajo en lectura no logran superar a los que tienen un alto rendimiento al iniciar el proceso de aprendizaje, debido a que se genera una brecha que se amplía en el tiempo.
Por esta razón es imperioso que cuando se vuelva a la presencialidad o semipresencialidad se ponga especial atención a los niños más pequeños, que estaban iniciando el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura, subrayó Álvarez Marinelli.
Datos del Meduca muestran que septiembre culminó con un 57% de las escuelas abiertas, lo que representa 2 mil 248 centros educativos, y un total de 314 mil 188 alumnos que reciben sus clases a través de las modalidades semipresencial y de tutoría, es decir, que sólo un 34% de los 921 mil 314 estudiantes de escuelas oficiales y particulares del país reciben clases de forma semipresencial o bajo tutoría.
Tres años de atraso
Otro desafío considerable de Panamá está plasmado en los últimos resultados de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) en donde se plantea que en Panamá los estudiantes de 15 años están, en promedio, tres años por detrás de los estudiantes de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en lectura, matemáticas y ciencias.
En ese punto, Álvarez Marinelli manifestó que el país tiene la particularidad de que muchos de los estudiantes de 15 años (alrededor del 45% al 48%) ya no están en la escuela a esa edad o se encuentran en un grado inferior, que nos les corresponde, o están por fuera de los centros educativos.
Los indicadores evidencian que se debe actuar, porque ya antes de la pandemia la educación panameña tenía evidentes rezagos.
Álvarez detalló que tener buenas y altas competencias lectoras cambia la vida de las personas y hace que tengan una mayor probabilidad de estar empleados, tener altos salarios, buena salud, de participar en actividades de voluntariado, y da eficacia política y eleva la confianza de la personas.
Poca inversión
Javier González, director de Summa, manifestó que es importante analizar la asignación de recursos para la educación, porque el Estado debe ser garante de que todos tengan acceso a una educación de calidad e inclusiva.
“Hay que hacerle un llamado muy abierto y transparente a Panamá, de que efectivamente siendo hoy en día el país con mayor PIB per cápita de América Latina, tenga una de las inversiones más bajas en educación, realmente es disonante esa diferencia, seguro vienen actuando, pero hay que acelerar el paso para que alcance el ritmo de los países con que seguramente se debería comparar”, aseveró.
La inversión en educación en Panamá está en 3.2% del PIB, es decir, por debajo de lo que estaba América Latina hace unos 20 años, agregó.
Como acciones prioritarias, señaló la necesidad de fortalecer el rol del Estado como garante de la educación, aumentar el financiamiento en educación para poder abordar los distintos temas, modificar el currículo y capacitar a los docentes en las nuevas habilidades que se requieren.
Además, adoptar programas masivos de nivelación, “la recuperación depende de las acciones que tomen los países”, concluyó.

