El proceso de recolección de bananos en Finca 30, provincia de Bocas del Toro, se inicia a las 7:00 de la mañana hasta las 2:00 de la tarde.
La jornada en la bananera de la Finca 32 en Changuinola, provincia de Bocas del Toro, comienza antes de las 6:00 a.m.
Con los primeros rayos del sol, un vehículo recorre el poblado de casas de bloques y madera. Atrás lleva un vagón en el que transporta el mayor capital de la finca: sus jornaleros.
Los trabajadores del banano son transportados a las diferentes fincas recolectoras desde antes de que salga el sol.
El proceso de recolección de bananos en Finca 30, provincia de Bocas del Toro, se inicia a las 7:00 de la mañana hasta las 2:00 de la tarde.
La labor contempla el amarre de la fruta para evitar que tenga contacto directo con el tallo, para que el producto crezca con buen tamaño y calidad para la venta.
El proceso de empaque es el último paso dentro de la cadena de trabajo de una bananera. Allí se selecciona el producto que va dirigido al exterior y al mercado local.
Las plagas son la principal amenaza en la siembra del banano. Los productores fumigan con avionetas, helicópteros y hasta con la mano.
Cuando la planta cumple con su período de producción, se decide renovar la siembra para producir una nueva fruta con la calidad requerida para la venta.
Hombres y mujeres lavan, miden y preparan el producto para prolongar el proceso de maduración de la fruta.
Los trabajadores del banano son transportados a las diferentes fincas recolectoras desde antes de que salga el sol.
El proceso de recolección de bananos en Finca 30, provincia de Bocas del Toro, se inicia a las 7:00 de la mañana hasta las 2:00 de la tarde.
La labor contempla el amarre de la fruta para evitar que tenga contacto directo con el tallo, para que el producto crezca con buen tamaño y calidad para la venta.
El proceso de empaque es el último paso dentro de la cadena de trabajo de una bananera. Allí se selecciona el producto que va dirigido al exterior y al mercado local.
Las plagas son la principal amenaza en la siembra del banano. Los productores fumigan con avionetas, helicópteros y hasta con la mano.
Cuando la planta cumple con su período de producción, se decide renovar la siembra para producir una nueva fruta con la calidad requerida para la venta.
Hombres y mujeres lavan, miden y preparan el producto para prolongar el proceso de maduración de la fruta.
Los trabajadores del banano son transportados a las diferentes fincas recolectoras desde antes de que salga el sol.
Antes de comenzar la jornada, el aire gana el aroma del café que algunos preparan en un fogón improvisado; otros prefieren fumar un tabaco previo a su eterna rutina.
Son como máquinas, pero de carne y hueso, que se acomodan los protectores para el corte de los gajos de banano, maniobran el hilaje y crean robustos amarres para que los cortes de la fruta no toquen el tallo y crezcan de forma apropiada.
En el recorrido se puede divisar a un hombre hilando los platanales con experticia. Parece una araña en plena faena.
También seleccionan la fruta, la lavan y la empacan. En fin, los procedimientos requeridos para que el alimento se exporte desde el istmo.
La mayoría de los trabajadores son indígenas y llevan años en la siembra de platanales de guineo en Bocas del Toro. Su salario mensual puede llegar a los $400 y $500, pero depende del producto que recolecten.
Aseguran que el salario no alcanza para poner la paila y darle de comer a los “pelaos”: los gastos necesarios para poder mantener a una familia. Mientras suben de nuevo al camión que los saca de la finca, reiteran que tienen la esperanza de que todo mejore. La eterna rutina.