Las aprensiones con Río 2016 empezaron con el Mundial de Brasil. La Copa del Mundo sobrepasó en mil 500 millones de dólares su presupuesto inicial.
Las críticas arreciaron por el refaccionamiento y la construcción de al menos 10 estadios, cuando el país tenía y tiene otras prioridades sociales.
El Gobierno brasileño de entonces había prometido una inversión total de $7 mil millones para la organización del Mundial, pero se duplicó su costo a $14 mil millones. Muchos críticos preguntaron por el devenir de algunos de los nuevos estadios después del Mundial, en ciudades como la Cuiaba y Manaos sin siquiera tener clubes en la primera o en la segunda división del fútbol profesional. El martillazo que derribó aquel castillo de fábulas fueron los siete goles que le propinó Alemania al scratch brasileño. Si la naturaleza imita al arte, como proclamaba Óscar Wilde, pues los deportes retratan la condición humana.