Jhonattan tiene 23 años. Nació el 3 de enero de 1990, el día en que el Ejército de Estados Unidos se llevó de Panamá al general Manuel Antonio Noriega tras un feroz y sangriento operativo militar en el istmo denominado Causa Justa, que empezó el 20 de diciembre de 1989 y que destruyó las Fuerzas de Defensa, institución armada en la que radicó por 21 años el poder real en Panamá.
Jhonattan, mecánico de aviación, no sabe qué es Causa Justa; tampoco conoce que la cárcel de Tinajitas, en San Miguelito, y el parque Amelia Denis De Icaza, en El Chorrillo, eran antiguos cuarteles de las Fuerzas de Defensa de Panamá; o que George Bush (padre) fue el presidente estadounidense que ordenó la “causa justa”.
“En la escuela no se hablaba del tema. Lo que sé es porque yo mismo lo consulté”, explica.
Gabriel tiene 21 años y quiere ser chef. Sabe que los gringos vinieron a buscar a Noriega, pero no conoce dónde se entregó. Tampoco maneja información sobre el fuego que consumió El Chorrillo, ni que allí estaba el cuartel central del antiguo militar.
Todavía en la escuela secundaria, Luis, de 17 años, desconoce que los militares estadounidenses llegaron en la madrugada de aquel miércoles de 1989, y que el asesinato de un soldado estadounidense a manos de un miembro de las Fuerzas de Defensa, días antes, se utilizó como detonante para la movilización militar.
Ninguno de estos tres jóvenes sabe cuántos panameños murieron aquel día; un dato que todavía no es oficial.
Mientras los registros estadounidenses señalan que fallecieron cerca de 100 civiles, la Organización de Naciones Unidas habla de 500, y la Comisión de los Derechos Humanos en América Central maneja entre 2 mil y 3 mil bajas civiles.
“En la escuela no enseñan casi nada de esto, aunque me gustaría saber”, afirma Luis.
Marcos Gandásegui, sociólogo, asegura que hay una desidia general sobre la historia más reciente del país.
“En los últimos 15 años nos hemos concentrado en el día a día, preocupados solo por la política económica y el dinero”, dice Gandásegui. “Los jóvenes no han sido educados para recordar”, añade.
Sin historia, dijo, no hay identidad ni cultura.
Este mismo argumento lo comparte Luis Navas, profesor de Relaciones de Panamá con Estados Unidos en la Universidad de Panamá. “Se está tratando de despersonificar a una sociedad, y el que pierde su identidad, pierde su razón de ser. No sabemos cuáles son nuestros destinos ni nuestros compromisos”, sostiene.
Aunque reconoce la falla, Gandásegui se muestra optimista. “Cuando estaba en secundaria, Victoriano Lorenzo no existía y hoy, afortunadamente, la juventud por lo menos sospecha quien fue”.
Roberto, piloto de 21 años, escuchó que los militares estadounidenses llegaron a Panamá de madrugada, que El Chorrillo ardió “como Berlín”, que Noriega se entregó en la Nunciatura al ritmo de rock y que en Panamá Viejo los gringos se atascaron en la lama de la playa. Roberto sí sabe de la ´Causa Justa´.
En la noche de ayer arrancaron los actos de conmemoración a lo sucedido hace 24 años, con una vigilia y lanzamiento de “luciérnagas” (globos luminosos) en la cinta costera.
Hoy continuarán los tributos con una actividad en el parque municipal de El Chorrillo.
A las 7:00 a.m. también se realizará una romería al Jardín de Paz en homenaje a los caídos de aquel día.
También tendrá lugar una exhibición de fotografías en la Defensoría del Pueblo.
También habrá una misa en la iglesia de Fátima, eventos culturales con testimonio de personas que vivieron esos hechos, y se mostrará una pintura memorial elaborada por el grupo El Kolectivo.
La jornada finalizará con una marcha a las 5:40 p.m. que saldrá desde el monumento a los caídos del 20 de diciembre, entre las calles 26 y 27, y llegará hasta el parque de Santa Ana.
