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‘Estas reformas serían peor de lo que hay’: Ana Sánchez

‘Estas reformas serían peor de lo que hay’: Ana Sánchez
‘Estas reformas serían peor de lo que hay’: Ana Sánchez

¿Qué siente una constitucionalista como usted, que ha estudiado 10 años y ha sido docente por 20, cuando aprueban cambios a la Carta Magna de esta manera?

Estoy bombardeada y desconcertada. El proceso ha sido confuso, desordenado y lleno de incertezas. Ha sido peor de lo que pensé.

¿Vio debate en alguna reforma?

No he oído a nadie decir “propongo esto por tal razón”. Eso es lo que se esperaba de un debate constitucional.

¿Cómo se explica que todos los partidos hayan participado en la Concertación y ahora sus diputados piensen tan opuestamente?

Los diputados actúan por impulso político y como los partidos no están cohesionados y el consenso es muy débil, no hay coherencia.

Y, ¿la aprobación del documento de la Concertación, tras desconocerlo?

Negociación con el presidente para seguir su criterio… Aunque el Ejecutivo no controla su bancada, sí tiene el poder de pactar con ellos.

¿Los diputados llegan a consensos o están negociando sus intereses?

Negociando de acuerdo con criterios individuales e intereses.

Las tres reformas más graves.

Las propuestas cambian tan rápido, que cada vez sale una más grave.

Desgranemos. ¿Cuál es el peligro de que los diputados puedan cambiar el proyecto del presupuesto con el aval del contralor y sin el gabinete?

Eso podría aumentar injustificadamente y sin límites el endeudamiento.

Que los municipios reciban el 6% de los ingresos del gobierno...

Estoy en pro de la descentralización y su presupuesto, pero no blindado constitucionalmente. Si hay un municipio sin estructura para gastar lo que le dan, se prestaría para corrupción.

Que la Asamblea nombre y remueva al fiscal que investiga al procurador, y este los investigue a ellos...

Que el nombramiento del fiscal sea político o dictado por la coyuntura política y el interés de los diputados. Existe en otros países y ha sido un desastre. La triangulación con el tribunal constitucional es menos subjetivo.

Los mejores artículos del documento de la Concertación...

El énfasis que hace del país como un Estado pluricultural (ahora no está tan reconocido), el tribunal constitucional y la unificación de los circuitos electorales en plurinominales. Es un paso para disminuir el clientelismo.

Y, ¿los artículos que más le preocupan?

Hoy, el que no puede pagar abogado queda indefenso ante la justicia. La propuesta no mejora eso. Y que el tribunal constitucional, que decidiría sobre la inconstitucionalidad de las leyes, no podrá revisar sentencias de la Corte, o sea, no podrá cumplir su rol. En realidad, ese documento no aborda los temas de manera integral. Y esta Constitución no admite más parches.

¿Qué hubiera regulado usted?

Tiene artículos arcaicos: regula el trabajo infantil, cuando eso ya no se admite y, en vez de hablar de igualdad, sigue hablando de fueros y privilegios, término aplicado a la nobleza. Además, no permite naturalizar a personas con discapacidad física ni mental. Y habla de libertad religiosa, pero la limita respeto a la moral cristiana.

¿Los suplentes deberían cobrar, como aprobaron los diputados?

No debe haber suplentes. La función legislativa la ejerce el diputado: él es el que tiene la obligación de cumplirla. Ya tienen vacaciones y el pleno no es todo el día ni todos los días.

Y, ¿que los diputados se puedan subir el salario cada año?

Aberrante. No debes poder subirte el salario a ti mismo y menos cada año.

El peligro de que el derecho nacional esté sobre el internacional.

Es preocupante y Broce no sabe lo que dice, porque el derecho nacional obliga a obedecer los tratados internacionales y normas que emanan de estas entidades. Posiblemente, buscan no reconocer el matrimonio igualitario como lo recomendó la CIDH. Y hoy es eso; mañana es otra cosa.

El peligro de que regulen los medios que difundan contenido contrario a la moral o la consciencia nacional.

El problema es quién decide qué moral y qué consciencia nacional. El criterio es subjetivo y casi siempre arbitrario.

Que el matrimonio sea solo entre hombre y mujer. Aun si no dijera ‘solo’, ¿lo que dice ahí no es lo que es?

Sí, la palabra no hace ninguna diferencia. Aquí lo que se quiere claramente es bloquear las reglas de la CIDH.

¿La agenda de algunos diputados en este tema es tan fuerte que los lleva a transar lo que sea con tal de imponer esa agenda en detrimento del país?

Sí. Los únicos grupos que están actuando con cohesión son los religiosos, que están representados por diputados. Corina Cano, por ejemplo.

¿Qué opina de que la reelección de diputados se permita solo por 10 años, pero desde el año 2024?

Es una forma de los diputados actuales de ganar un periodo más, porque si es desde el año 2024, ellos podrían estar este y dos periodos más. [Es decir, hasta 2034]. Las reglas nuevas deberían aplicarse a ellos también.

¿El gabinete hizo bien en enviar a la Asamblea las reformas sin cambiarle una coma, o fue un cálculo político?

Cálculo político. Era su potestad, pero han debido revisarlo antes o explicar por qué lo enviaban sin cambiarle nada. El mensaje al país, como lo hizo, es: “no tengo un proyecto país”.

¿Qué le dice que los cambios a la Constitución se aprueben a golpe de curul en madrugonazos?

Que no se ha querido profundizar en las ideas. Madrugonazos hay en otras partes, pero no tan sistemático. Y lo del golpe de curul es solo aquí.

¿La Constitución tiene problemas políticos o jurídicos?

Ambos.

Tres propuestas presentadas por los diputados que sí son sanas.

Ninguna me entusiasma.

Las reformas que no veremos.

Reformas de transparencia, conflicto de intereses y tráfico de influencias.

¿Qué tanto arreglaría nuestros problemas una Constitución nueva?

No le tengo tanta fe a que la modificación de uno u otro artículo arregle las cosas. Debe ser un proyecto constitucional en el que todos creamos.

¿Eso es posible?

Si creemos importante llegar a consensos, sí. Pero la dinámica política está viciada y cada quien está por lo suyo.

Tribunal constitucional versus Sala Quinta.

Lo primero. Hay que separar el control constitucional de la Corte.

¿Qué dice del sistema político que una diputada quiera presentar, ella sola, 200 reformas a las reformas?

Que quiere dinamitar el proceso.

¿Quién tendría la capacidad para cambiar la Constitución?

Esa idea de que tienen que ser unos cuantos sabios no funciona. Debe ser un proceso participativo, como una constituyente paralela, que traería personas más frescas y con menos intereses clientelares al proceso.

¿Cómo nos iría con una constituyente originaria?

Eso implica romper con todo el sistema y que la misma asamblea constituyente asuma todos los poderes. Sería una especie de golpe de Estado. No estamos en una crisis que amerite eso. En cambio, la paralela asegura el funcionamiento de los poderes mientras se hace la nueva Constitución.

¿Cortizo debería retirar el paquete de la Asamblea y convocar una constituyente, dejarlo fluir o negociar con los diputados?

Convocar la paralela. Pero lo debe hacer con la mayoría absoluta de la Asamblea y no sé si ellos acepten.

¿Qué nos queda?

Participar e ir más allá del Twitter.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Que las reformas sigan como van. Sería peor de lo que ya hay.

¿Este es el ambiente propicio para discutir este tema o el ambiente nunca será el propicio?

Hay que hacerlo propicio.

Nito, Martinelli, Lombana: ¿a quién le conviene que la Asamblea se empantane en este tema?

Más a la oposición que al gobierno, pues sería el fracaso de una promesa.

¿Seguimos recibiendo bien a los extranjeros?

Panamá es muy contradictorio al respecto. La tradición de hospitalidad choca con el odio a lo diferente.

Explíqueles las reformas constitucionales a los españoles.

Lo difícil que es en un parlamento fraccionado y sin disciplina parlamentaria. Sin siquiera coherencia de criterio dentro de cada partido.

El tráfico.

Que se prepare para el caos.

Martinelli.

Berlusconi.

Separación de poderes.

El mayor poder es el del presidente.

La Corte.

Demasiado poder. Nombra jueces sin carrera administrativa, tiene la última palabra en temas judiciales y decide qué es constitucional y qué no.

El machismo.

Hay demasiada tolerancia al acoso.

La corrupción.

Lo mismo de allá, pero tropicalizado.

La indiferencia ciudadana.

El día a día.

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