Desde su adolescencia, Alfredo Castillero Hoyos quiso ser defensor del Pueblo, porque dice ser “fiel creyente de que esta institución es necesaria para el fortalecimiento de la democracia”.
Hoy, casi tres meses después de haber asumido ese cargo, advierte que encontró una entidad “disminuida”.
En una entrevista con este diario, contó que las instalaciones de la institución, en Plaza Ágora, Transístmica, tienen goteras, losas rajadas y alfombras levantadas.
Cuando el silencio se vaya, se aburrirán de oírme. Mucho tiene que ver porque he estado concentrado en la administración de la institución. Estamos tratando de contribuir al rescate, a la regeneración y a la refundación de la entidad.
Una institución muy disminuida en comparación con administraciones como la de Ítalo Antinori (1997-2001), quien fundó esta entidad; y de Juan Antonio Tejada Espino (2001-2006), quien la institucionalizó.
En gran medida, se dejó de cumplir con la misión principal, que es la de tutelar los derechos humanos y la apertura de quejas y su tramitación hasta el final. Esto se dejó de hacer por un periodo bastante dilatado o se hacía por excepción.
¿Cómo está la Defensoría con relación al personal especializado en temas de derechos humanos?
Los expertos en materia de derechos humanos salieron de la institución y se fueron a otras entidades y otros están de licencia. Además, está el tema de la remuneración. En algunos casos, los salarios son los mismos desde el momento de la apertura de la institución. Evidentemente, se va a requerir de recursos humanos en la Defensoría.
La ayuda que se pueda incorporar, pero para el óptimo funcionamiento de la Defensoría necesitaríamos, al menos, unos 60 funcionarios especializados en materia de derechos humanos.
Usted es el gestor de la mudanza a las nuevas instalaciones de la Defensoría.
La mudanza es hechura de la administración pasada. Desde dos meses antes de que se diera la elección del defensor, se buscó un lugar de fácil acceso al público y estacionamientos, y se pensó en este lugar, en Plaza Ágora, en la vía Transístmica. Sin embargo, el proceso se dio de una manera precipitada, porque la mudanza es hasta ahora parcial.
¿Por qué?
Hemos realizado unas conversaciones con el dueño del inmueble, quien se ha mostrado anuente a realizar algunas reparaciones, que nosotros consideramos necesarias, como el levantamiento de alfombras, reemplazo de pisos y de losas que están rajadas. También se requiere cambiar el cielorraso y establecer las divisiones, y retirar todos los cables que tenía este lugar, donde operaba un call center.
¿Cómo ve el tema de la libertad de expresión en Panamá?
Estamos viviendo mejores tiempos que en la dictadura. Antes existía todo tipo de controles por parte del Estado, aunque fueran indirectos, pero sigue habiendo amenaza a la libertad. La libertad de expresión tiene que ser siempre protegida. En ese sentido, me parece de alguna importancia la amenaza que sigue habiendo a La Estrella de Panamá, porque el cierre de cualquier medio, por el motivo que sea, encoge la fuente de información. Allí me parece que hay un punto digno de atención.
Quiero rescatar el compromiso que hice en mayo, cuando me comprometí a establecer una relatoría para la libertad de expresión y estamos trabajando para su constitución. Si el Ministerio de Economía y Finanzas y la Asamblea ayudan con las partidas presupuestarias, podría llevarse más rápido el establecimiento de la relatoría.
¿Qué tiene que decir ante las críticas a la institución?
El día que la institución desaparezca, va a sufrir la democracia y la ciudadanía, porque carecerá de una institución creada para la tutela de sus derechos.
¿Qué hay que hacer para que esa percepción cese?
Hacer que los ciudadanos sean conscientes de que la institución está nuevamente abierta para ellos.
Otra de las críticas es su relación con el presidente Juan Carlos Varela.
Trabajé con el presidente [Juan Carlos Varela] en calidad de director de Política Exterior (2009-2011) de la Cancillería. En calidad de funcionario, solo lo he visto dos veces. Antes de ser electo defensor, y las dos veces fueron en eventos públicos, y nos saludamos con la simpatía de dos personas que se conocen. No me parece que esto tenga demasiada impronta en todo esto.
¿Cómo está Panamá en el tema de los derechos humanos?
En Panamá hay vulneración de los derechos humanos, pero en todos los países hay algún tipo de violación. No hay país, por avanzado que sea o por respetuoso que sea de los derechos humanos, donde no haya. Al ser señalado por violación, el país se convierte en parte de un proceso de aprendizaje para corregir esas prácticas.
¿Cuáles son esos temas en los que Panamá debe mejorar?
Un tema de atención son las prisiones. Hay un problema estructural y de arrastre, tenemos una población penitenciaria alta. Hay un conjunto de factores que se tienen que corregir.
Otro es la discriminación racial. Cuando se haga el censo carcelario, se podrá adelantar que la población afrodescendiente está sobrerrepresentada en las prisiones; y también va a arrojar, si lo hacen como lo tienen que hacer, que el pobre, el excluido, el marginado, el desamparado es el que ocupa el primer lugar en cantidad en las cárceles.
¿Cómo nos miran los otros países ?
Los organismos de los derechos humanos están conscientes de que en Panamá ocurren cosas. Cada proceso de examen al Estado es un informe real, y refleja cuáles son las vulneraciones en Panamá.
