¡Vaya, vaya, vaya! Nunca sospeché que el Club Deportivo Unión Española se convertiría de la noche a la mañana en el centro de atención de tirios y troyanos. La casualidad en Panamá es la cosa más poderosa del mundo…. y de la menos creíble. ¿Qué posibilidad había de que el señor que todo lo puede en Panamá –menos en Estados Unidos– se encontrara con el marido de su nueva mejor amiga en un pequeño local en San Francisco?
Las imágenes han impactado al país, porque lo que hemos visto no es un huracán provocado por la flatulencia bucal de este señor, sino porque en el juicio más importante del país de los últimos años, han recaído sospechas, y muy graves.
Pero allí están todos esos “magistrados”, sentados en sus pupitres, gestionando su justicia, sin sufrir una sola milimétrica consecuencia, esperando a la próxima víctima para obtener lo que ansían, incluso por encima de principios, ética y moral; para poder comer en Le Bistrot en vez de McDonald’s. Yo no sé de leyes, pero algo de justicia sí, y desde hace décadas, este país vive sin ella, por culpa de estos vulgares gandules que esperan ser millonarios antes de los 40, en esos cargos que ocupan en el servicio público que apenas dan para vivir con holgura.
Dice el Ministerio Público que investigará el hecho. Señor Caraballo, no pierda su tiempo ni el nuestro. Sabemos de antemano en qué quedará este caso. El tiempo de sus fiscales puede ser usado en beneficio del país. Póngalos en eso, que es más productivo que el teatro. Quizá a usted lo mueva el interés de cumplir sus deberes o la necesidad de algún político o amigo que desea una conclusión a su favor de este incidente, para ir a los tribunales a exigir justicia contra los pinches metiches que divulgaron el video. No tengo dudas de que delincuentes entogados les otorgarán lo que les pidan. Además, señor procurador, aquí no hay nada que aclarar, a menos que nos diga que no eran todos los que estaban allí, sino Santa Claus, recibiendo los deseos de los niños que se portan bien.
Como están las cosas aquí, sugiero a los abogados penalistas adoptar otra especialidad: derecho comercial o negociaciones, pues billetera mata justicia. Y un consejo: no hay que ir por ahí diciendo que probaron absolutamente nada en el juicio, pues resulta que el abogado-político con menos pericia técnica, pero con los contactos adecuados, les salvó de una segura derrota.
Ahora, la pregunta que todos debemos hacernos es si alguna vez habrá justicia en Panamá o si tendremos que seguir dependiendo de jueces de Estados Unidos o de España o de Suiza o de Tumbuctú. Por ahora, yo lo que veo es un interruptor para apagar la luz... y luego largarnos, porque este país está dejando de ser nuestro. Poco a poco se convierte en la finca de este señor —en donde los buenos somos los invasores—, y los del Órgano Judicial, sus peones.
