Tengo curiosidad por saber qué impide que se sigan los procesos contra este personaje temible del recontraespionaje. El nuevo procurador, Eduardo Ulloa, dijo que el Ministerio Público “tiene que sufrir una renovación ordenada”. Para mi gusto, el Ministerio Público ahora es un misterio público. La Embajada de EU en Panamá y su Departamento de Estado han hecho saber por todos los medios y en varias ocasiones que si las autoridades quieren investigar y procesar a este personaje, nada lo impide. Pero aparentemente sí hay algo que no permite que se sigan estos procesos, de ahí que todo sea un gran misterio para mí.
Me pregunto si la elección de Ulloa fue un error. Y si no lo es, qué es lo que está pasando, porque casos hay, porque investigaciones (paralizadas) hay. Los ciudadanos merecemos una explicación de su gestión al frente de esos casos que suponen perjuicios para el Estado, respetando, obviamente, la inocencia de los involucrados. Pero necesitamos saber qué pasa. Queremos saber qué encontró mal. ¿Cuáles son sus soluciones a esos males? ¿Cuál es el camino a seguir? ¿Cuándo comenzará a desarrollar su estrategia para perseguir el delito?
Si su gestión es guiada por una brújula, no veo su norte; si desea quedar como una persona justa, no veo que las investigaciones sigan un curso para aclarar el papel de cada uno de los involucrados; si es prudencia lo que busca en el manejo de esos casos, eso no debe significar que se paralicen; si quiere cumplir su deber, no veo transparencia; si busca tiempo para hacer cambios, lo ha tenido suficiente: justifíquelos y hágalos sin más demora. Pero lo que no puede hacer es pretender estar bien con Dios y con el diablo. Eso solo conduce al autosabotaje de su gestión.
Quiero convencerme de que el Ministerio Público está en buenas manos; de que los casos eventualmente tomaran el curso y rumbo que merecen y que el nuevo Procurador será guardián celoso de la integridad de las investigaciones. Hago mi mejor y mayor esfuerzo por persuadirme de todo esto, pero también una voz –que supongo es mi conciencia– me advierte que sea cauteloso con esos pensamientos; que sea reflexivo sobre las cosas que veo... y las que no veo también.
La profesión de periodista convive con la duda y la desconfianza; escruta las “verdades” y desafía la autoridad. Es lo que hay que hacer cuando se quiere narrar hechos y no discursos ni opiniones, y en cierto modo, son paralelismos que conducen a fiscales y periodistas a abrevar en las mismas aguas. No siempre vamos a la misma velocidad, no siempre estamos de acuerdo, pero nos une ese lazo. Pero, por otro lado, ocultar hechos, cruzarse de brazos frente a lo que parecen delitos, eso nos distancia, nos pone a caminar por senderos opuestos. Por ahí hemos caminado tanto fiscales como periodistas y conocemos muy bien las consecuencias. Señor Ulloa, decida –con hechos y no palabras– por dónde quiere caminar.