Esta semana, las redes sociales han estado inusuales, pero obviamente activas, por el nuevo coronavirus. He leído toda clase de cadenas, noticias falsas, de remedios para curar la enfermedad, de no sé cuántos muertos van en Panamá y cuántos miles de contagios, notas de voz de muchísimas personas narrando historias de terror, revelando nombres de personas supuestamente enfermas, desacreditando al Gobierno y autoridades de salud; he visto memes de todo tipo, muchos de ellos graciosos –sí, graciosos–, por más serio que sea el tema. Y he apreciado información valiosa, tanto de afuera como de adentro.
Las redes sociales son, simultáneamente, fuente de noticias como de desinformación. Ir a buscar información verdadera, corroborada y comprobada en una red social es como ir a pescar una verdad en un mar atestado de mentiras o medias verdades. Pero lo que ha sido sorprendente para mi no es la abundancia de sardinas en las redes, sino que los pescadores crean que han hallado en la redes un cardumen de atún y luego nos han atosigado y mortificado con sus “hallazgos”, que incluyen las acostumbradas y atolondradas teorías de conspiración.
Y les creen, con una fe tan ciega, que no dudo que el día que alguien diga que la luna no es más que una gigantesca imagen proyectada por los gringos desde el área 54, uno de cada 10 panameños usuarios de Twitter reenviará la “noticia” a sus contactos diciendo que “ya lo sospechaba”, porque cuando allá se iba la luz, entonces se producían los eclipses. Así de ingenuos –o ignorantes, corrijo– somos. El resto, bueno, somos la minoría, los que nos conviene que la gente mire hacia esa imagen inventada de la supuesta luna, porque mientras la mayoría mira hacia allá, la minoría les robamos la oportunidad de ganar más dinero, de tener mejores empleos. En fin, de ser la razón de sus males.
Entonces, la solución parece sencilla: dejar de buscar información en las redes y dirigirnos a fuentes confiables, como medios de comunicación o las mismas fuentes primarias, como médicos infectólogos, institutos de investigación, autoridades, etc. El problema de esta solución es que los panameños, al parecer, no distinguimos entre una fuente confiable y una que no lo es. En otras palabras, ignoramos que somos ignorantes en muchos temas.
La consecuencia es que muchos terminan objetando a fuentes confiables pues desconfían de todo, excepto de lo que un contacto le envió: una convincente teoría, según la cual, China se quiere apoderar del mundo matando al resto de la humanidad y para ello cerró sus fronteras para proteger a los suyos de un mortal virus que creó expresamente para tal fin. Así, pues, cuando me quiero reír, voy a las redes, y para informarme, pues la respuesta es obvia.
Pero quizás esta también sea una buena oportunidad para descubrir que el mundo es mucho más que una red social.