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OPINIÓN

Sábado picante

La ayuda que reciben los panameños varados en la crisis económica que ha causado la pandemia,es, en muchos casos, una perfecta hipocresía. He visto carros con los nombres y cargos del “benefactor”, como si la donación hubiese salido de sus bolsillos. Alcaldes, representantes y hasta diputados han hecho bolsas con sus nombres y cargos en las que introducen los víveres. Eso es sacarle provecho electoral a la pandemia.

¿Por qué la ayuda debe repartirse por circuito electoral? ¿Dónde quedó nuestra división política? ¿Repartir comida usando parámetros típicamente electorales no es aprovecharse de la desgracia? Es la miseria humana disfrazada de oveja. El lobo saldrá cuando este “benefactor” les recuerde a esas familias que les llevó comida que él se acordó de ellos en los peores momentos. Y entonces reclamará la devolución del favor. Así es como se perpetúan en el poder estas sanguijuelas. La calidad humana de nuestros políticos solo es comparable al virus que nos está matando.

Y esto solo es el comienzo. Debemos prepararnos para ver cómo crecerá la planilla estatal. Miles irán a pedir trabajo al Gobierno, pues la empresa privada tardará en volver a ser lo que era antes. Son votos, y darles trabajo es asegurarsepor adelantado la reelección.

Al mismo tiempo que buscan su reelección, quieren hacer sus negociados, quieren el voto para seguir robándo al que se lo da. De qué otro modo se puede explicar que empresas que no llegan a la categoría de brujas vendan insumos médicos de alta gama. ¿Por qué el Ministerio de la Presidencia compraba estos equipos? ¿De cuándo acá un minero es el que sabe sobre lo que se necesita en una pandemia? Millones robados con nobles excusas.

Quisiera ver una sola iniciativa de los diputados para que los empresarios que más lo necesitarán –pequeños y medianos– puedan reiniciar labores. Ahhh... es verdad… Están ocupados repartiendo bolsas con comida. Y seguro que exigirían otro salario si les pedimos que hagan dos cosas a la vez. Parece mentira que sean tan inútiles como para crear leyes solo con fines clientelistas. Días atrás dejaron la creación de fiestas y patronatos para inventar moratorias, que si bien son necesarias en esta coyuntura, descartan el día después: el día de pagar. ¿Qué harán los que no puedan?

La imaginación de esta gente está ocupada en la negocipandemia. Sus promotores comunales reparten el producto electoral, o sea, mercadean y hacen branding, mientras sus jefes buscan redondear el salario a través de ventas tan chuecas y chabacanas que todo el mundo se da cuenta de ello, pero que ellos niegan poniendo a Dios de testigo. Pretenden inútilmente hacernos ver que la adivinanza “blanco por fuera, amarillo por dentro” no es el huevo.

Quién lo diría, pero hace décadas convivimos con nuestra peor pandemia: la abrazamos, le abrimos nuestras casas y le damos nuestra confianza mientras nos apuñala por la espalda.


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