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Sábado picante

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Luis Enrique (Izq.) y Ricardo Alberto Martinelli Linares, hijos del expresidente Ricardo Martinelli. Archivo

Hay algo que me estoy perdiendo. Uno de los hijos del expresidente Ricardo Martinelli ha pedido regresar al país. Dice él que la Covid-19 no lo deja vivir en Estados Unidos, a donde él, su hermano y familia se fueron a vivir, mientras acá se les investigaba por ser supuestos autores de delitos graves. Más allá de lo pueril que es la excusa, lo que sí revela es que algo ha cambiado. El infierno no se convierte en paraíso sin que lo acuerden sus regentes.

Tanto Luis Enrique Martinelli –el que quiere regresar– como su hermano Ricardo Alberto, están hasta el cuello en el caso Odebrecht. Pero ahora el primero tiene fianza y está listo para regresar. Hay otros delatados desde Brasil que también están casi que contentos. Hablan maravillas del nuevo procurador y ya no se les ve tan preocupados. Al mismo tiempo, todos ellos, incluyendo al expresidente, piden que se procese a Juan Carlos Varela por los mismos delitos, seguros de que él, y solo él, será condenado.

Y aquí es donde me pierdo. Si Martinelli y su camarilla exige que se enjuicie y condene a Varela, ¿qué le hace estar seguro de que sus hijos saldrán exentos de culpa? La lógica me indica que si todos recibieron coimas, y hay pruebas de ello, entonces todos deben ir a la cárcel, con lo cual, los llamados “príncipes” y todo el lote del círculo cero terminarían en la misma celda que Varela. Entonces, ¿debo pensar que ese, el del dedo acusador, quiere ver no solo a Varela en la cárcel, sino también a sus vástagos? O, ¿habrá una selección de culpables?

Recordemos que el vicepresidente de Odebrecht para América Latina, Luiz Antonio Mameri –responsable de aprobar los sobornos en la región– declaró que el director de Odebrecht en Panamá, André Rabello, le pidió autorización para pagar sobornos. Rabello le dijo que fue contactado por los hijos de Martinelli y acordaron que estos últimos recibirían $35 millones a cambio de ayudar a Odebrecht a cobrar dinero que le debía el Estado. Ello, sin contar los procesos abiertos por supuesto lavado en Suiza, dinero que habría sido pagado por Odebrecht, y depositado en la banca helvética.

Esto me hizo recordar una entrevista que dio el nuevo amigo de la camarilla, el procurador Eduardo Ulloa. Dijo que había que revisar las condiciones del acuerdo al que llegó el Ministerio Público con los delatores brasileños. “Tenemos que investigar si hubo o no algún tipo de injerencia interna sobre la conclusión del acuerdo… Hay una serie de elementos en torno a ese acuerdo que tenemos que ir comprobando para entonces determinar la forma en que este se dio, la validez o no, la idoneidad de este para seguir funcionando dentro de este proceso”. Es decir, si es válido o no. ¿Acaso este es el portillo de escape?

En fin. No se cómo unos saldrán condenados y otros no. Pero esto es Panamá, donde la justicia condena a los cómplices, pero deja en libertad al autor intelectual de los delitos.


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