La contemporánea metrópolis de los rascacielos, la capital del mundo, ya no puede ocultar nuestra mayor vergüenza. Nuestra juventud está recibiendo la peor educación del mundo, salvo por otros seis países que están peor que Panamá. Probablemente si uno de nuestros adolescentes llega a leer este artículo, se preguntará de qué diablos estoy hablando, porque, según la prueba PISA –un referente para medir la calidad de la educación a nivel mundial– dos tercios de nuestros jóvenes de quince años no entienden ni jota de lo que leen.
O sea que son unos ignorantes que nuestro sistema educativo ha estado paseando de año en año sin que hayan aprendido nada, porque si no entienden lo que leen, qué pueden saber. Lo nefasto de esta triste realidad es que han sido las propias autoridades de educación las que evitaron someter a los estudiantes a estas pruebas durante los últimos nueve años. ¿Qué pretendían ocultar? ¿La estupidez de sus decisiones? Si las hubiesen permitido, algo se habría podido hacer: corregir rumbos, capacitar a los docentes o quizás enfrentar finalmente este problema que corroe y erosiona el futuro del país.
Para mí es profundamente doloroso ver cómo nuestros jóvenes pierden el tiempo, ya no solo con sus celulares –comprados con el dinero de la Beca Universal– sino en las aulas de clases. El sacrificio de padres que se privaron de muchas cosas para que sus hijos no pasaran lo que ellos, resulta que no ha servido de mucho. Es un precio muy alto por tener a políticos igualmente incapaces en cargos que deberían ser de suma importancia si es que queremos que este país salga de la pobreza y de su creciente ignorancia.
Si los jóvenes son incapaces de entender lo que leen, ¿cómo podrán cursar estudios superiores? ¿Cómo entenderán sus derechos y deberes? ¿Cómo se podrán informar? ¿Cómo podrán aspirar a ser ciudadanos? Ahora me explico por qué abundan las películas dobladas al español. Es que si no es así, seguramente estos jóvenes no podrían entender de qué va una película de Disney o una de Marvel.
¿Cómo se puede ser tan infame con padres y estudiantes? Este ha sido el peor engaño que hemos vivido y experimentado, perpetrado por políticos que juraron que su única preocupación era la juventud. Meditemos por un minuto en la siguiente conclusión: el 64% de los alumnos panameños de 15 años “no puede identificar la idea principal en un texto de longitud moderada, encontrar información basada en criterios explícitos ni pueden reflexionar sobre el propósito y la forma de los textos cuando se les indica explícitamente que lo hagan”. En tanto que el restante 35% de los estudiantes solo logra niveles mínimos de competencia en lectura. Como van las cosas, los próximos educadores tendrán que tener un máster en caricaturas e ilustraciones para enseñarle con dibujos a sus estudiantes materias como historia, geografía, literatura o gramática.
De los resultados de la prueba PISA emanan conclusiones que hablan alto y claro del estado deplorable de nuestra educación. Y los que tomaron y apoyaron la decisión de no someter a los estudiantes a estas pruebas le deben una disculpa al país, porque, por más buenas que hayan sido sus intenciones, nada, nada justifica su silencio ante el fracaso de sus absurdas decisiones.
