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OPINIÓN

Sábado picante

Esta semana comprobé que el mundo gira al revés en Panamá. Al alcalde de la capital lo agarraron in fraganti en la playa tomando un baño de sol, después de casi habernos regañado en las redes porque no cooperamos para evitar la propagación del coronavirus. Le imponen una multa miserable y a otros, multas desorbitadas.

En la Asamblea, ante una comparecencia del líder sindical Saúl Méndez, el diputado Bolota Salazar le exigió que respondiera solo las preguntas que se le hicieron, porque él no le aceptaba que fuera a allí a hablar “politiquería”, cuando el señor Salazar no da pie con bola de tanta paja que habla.

Y sobre rebajar el salario de funcionarios en cargos de alta jerarquía, nada que ver. Eso es inconstitucional, dijo un diputado. Pero los que ahora ganamos menos en la empresa privada –producto de esta pandemia– tenemos que seguir pagando impuestos para que los chupasangre puedan mantener su estatus. Estoy seguro de que hay sanguijuelas más solidarias y menos codiciosas. Pero ellos dicen que velan por los intereses del pueblo panameño. Eso, automáticamente, me convierte a mi en extranjero.

Y el amigo fiel leyendo La Prensa, el “periodicucho”, le dice. Al menos nos lee, algo que prometieron no hacer más nunca en sus respectivas vidas él y su “bro”. Y eso es más de lo que se puede decir de la gacetilla oficial de su jefe. Por cierto, tan al revés anda la cosa con esta gente, que cuando esta semana el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Michael Kozak, dijo azul –y todos oímos con claridad azul– él y su “bro” entendieron rojo.

Kozak , para información de los disléxicos políticos, no es ajeno a Panamá. Además de haber sido negociador del Tratado del Canal, también trató de negociar la salida de Manuel Antonio Noriega cuando este se aferraba al poder, de la misma manera que hoy hay otros aferrados a la “especialidad”. Kozak, incluso, le dio un ultimátum a Noriega en 1988 para que abandonara el poder. Pero el general le dejó muy claro al gringo que su lema “Ni un paso atrás” era en serio. Así que –palabras más, palabras menos– Noriega lo despidió: Chao pesca’o, que aquí mando yo. Meses después, Noriega comprendió que Kozak no blofeaba. Seguro que el general se arrepintió, pero fue “too late”.

Y como dicen que la historia se repite en espiral, vale la pena recordar lo que advirtió esta semana Kozak, el negociador: “Nosotros sí tenemos consecuencias para individuos que sean corruptos. Según las leyes estadounidenses, las visas les pueden ser negadas a ellos y a sus familiares. A veces imponemos sanciones para intentar recuperar los bienes mal habidos. Sí hay consecuencias para gobiernos también…”. Si tampoco entendieron esta parte de la entrevista en Radio Panamá, seguro que los hechos futuros les abrirán los ojos, pero, como pasó con Noriega, el arrepentimiento llegará, una vez más, “too late”.


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