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Sábado picante

Sábado picante

El cinismo del diputado Benicio Robinson es de antología. Bocas del Toro –donde fue electo diputado– es una de esas provincias que son la excepción de la regla cuando se habla de crecimiento económico de Panamá. De hecho, el índice de incidencia de pobreza multidimensional es el más grave de todo el país –casi del 45%–, incluso, 5% más que en Darién. Sus problemas son múltiples, graves y requiere de compromisos serios y profundos para sacar a su población de su intolerable pobreza.

Robinson lleva en la Asamblea Nacional más de tres décadas y dudo mucho que algo de lo que haya hecho mejoró la calidad de vida de sus paisanos. Pero en cambio él… Su mejoría es más que evidente: negocios y poder. Su ambición lo ha llevado a ocupar cargos hasta en organizaciones deportivas que le han servido de puente para hacer negocios. Nadie olvida que llevó a los niños de la comarca los únicos bates invisibles del mundo. Dice que pagó cientos de dólares por cada uno, gasto que, asumiendo que fuera cierto, lo deja a uno preguntándose cuáles son sus criterios para definir las prioridades de la niñez más pobre del país.

Y ahora, en plena pandemia, se saca un as de la manga: crear más corregimientos que, según su sabio entender, “ayuda al desarrollo de la comunidad”. No sé cómo atomizar más el poder político ayuda a una comunidad, a menos que esté pensando que cada corregimiento debe tener un hospital, una universidad, 50 kilómetros de carretera al año y su propio banco.

Sus argumentos son tan cínicos que llegó a decir que en el período pasado crearon seis corregimientos: “uno PRD y cinco de Cambio Democrático”. Su subconsciente lo ayuda tanto como cómplice confesando sus bribonadas. El señor Benicio olvida que él no es el único que sabe hacer cálculos políticos. Parece que ignora que hay otros que saben hacer tanto o mejor que él, y no han dudado en explicar que sus cálculos no son de inversiones sino de gastos, sin contar el poder político que le genera.

Señor Robinson, no crea que los ciudadanos somos ingenuos en materia de malabarismos políticos; no presuma que somos ignorantes, aunque hagan lo posible para que nuestra educación sea la peor del mundo; no se ilusione pensando que somos incapaces de ver lo que esconden sus “buenas intenciones”. No dé por sentado que hemos olvidado lo poco que faltó para arruinarle sus altilocuentes planes en el negocio del deporte; no suponga ni por un instante que nos comemos el cuento de que su presencia en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea es por el bienestar del país, a menos que le hayan cambiado el apodo de gato por país o nación.

No conozco a ningún político capaz de hacer un sacrificio por el país, y el señor Robinson no será el primero. Solo espero que en su aritmética política, él termine siendo el sustraendo.


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