Cuando lo señalaron de corrupto en Italia, dijo que era una novela italiana. Luego vino Brasil, Suiza, Panamá, España, Andorra, Estados Unidos. Y, de repente, la novela italiana pasó de escándalo a murmullo. ¿Qué eran $25 millones de Finmeccanica frente a la magnificencia de Odebrecht, la opulencia de FCC y la esplendidez de Blue Apple? Desde que tuvo oportunidad, su objetivo fue conquistar Panamá... Por poco lo logra. Cerebro iba tras las riquezas del país, mientras Pinky trataba de hacernos creer que su “bro”, Cerebro, no es la rata que es, sino un colibrí al que cazadores sin escrúpulos le apuntan con sus escopetas.
Cerebro ha tenido éxito en el saqueo y en lograr sus objetivos para conquistar el país, pero Pinky… ese no convence a nadie: los cuentos de la blanca palomilla se echan a perder cuando todo el mundo ve un lobo. A Cerebro eso no le preocupa, pues en su mundo, sus legiones son ciegas, sordas y especialmente obedientes. Cuando Cerebro chasquea los dedos, Pinky pone en movimiento a sus colegas.
— ¡Mande, jefe! ¿Cuál es la instrucción de hoy?
— ¿Es que no se enteran, idiotas?, les grita Pinky desde su celular. Hay unos españoles disparándole a mi “bro”. Hagan su trabajo, manada de inútiles.
—Sí, jefe, pero, ¿a quién le sacamos la ñex?
Pinky, una vez más, pierde la paciencia.
— Diez años en esto y, ¡no aprenden! A Varela, a La Prensa, a Isolda, a Kozak, a Mejía… A los de siempre, idiotas. ¡No aprenden!
— Jefe, cuente con eso. ¿Desea algo más?
— No quiero más faltas de ortografía. Mi “bro” está cansado de leer tanta vaina mal escrita: Varela no se escribe con B; Isolda no lleva H, y “corrucción” no se escribe así. Escribánlo como lo hace mi “bro”: “corrutción”. ¿Entendido?
— Hecho, jefe, no se preocupe por eso.
Lo siguiente ya lo sabemos: los colegas de Pinky salen a las redes e insultan a todos… una vez. De ahí en adelante no se les ve por unos días, hasta que Pinky les dé nuevas instrucciones. Hacen un video, pegan un par de cuentos en los medios de Cerebro, y algunos memes.
— “Bro”, misión cumplida. El call center ya los acabó. Pinky saca un par de vasos y una botella de whisky del bar oficina de Cerebro. Este lo mira y le pregunta: Pinky, ¿quién carajos te dijo que sacaras esos vasos? Apenado, los devuelve a su lugar. Pensé que íbamos a celebrar, jefe, perdón.
— ¿Cuántas veces te lo tengo que decir, Pinky? El que piensa aquí soy yo. Tú me haces los mandados. Pero si estás a mi lado siempre, tú me acompañarás a la cima del Barú. Mañana nos robamos ese volcán. ¿Capisci?
—Sí, jefe. Prepararé el cuento, perdón, el contraataque para cuando todo se sepa. Permiso. Voy a hablar con esos boludos del call center.