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Sábado picante

Sábado picante
Tito Rodríguez, diputado del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), ejerce actualmente la vicepresidencia de la Asamblea Nacional. El Molirena es aliado del oficialista Partido Revolucionario Democrático. Archivo

La entrevista que concedió el diputado Tito Rodríguez a la periodista Flor Mizrachi es una joya, un diamante... en bruto. Si hay que agradecerle algo al político Molirena es que no se guardó nada: fue explícito; describió con suma precisión la delincuencia que nos gobierna. Alguien me comentó: una de dos, o es un cínico descarado o es el político más torpe sobre la tierra. No voy a elegir una de las dos opciones, cuando está claro que es todo eso y más.

Rodríguez admitió que al Molirena lo gobierna una mafia a la que él quiere pertenecer, pero que no le dan chance. Llegar a la presidencia de ese partido significa codearse con las esferas de poder y con ello se obtiene apoyos de todo tipo, desde becas y nombramientos hasta proyectos de obras públicas por decenas de millones de dólares. Es decir, plata del Estado repartida entre sus electores para repetir un período más en la cueva. Y así, una y otra vez, hasta alcanzar el hartazgo de sus clientes y votantes.

Dijo que la Lotería es prácticamente propiedad de su partido. Y hay que reconocer que la dirigencia del Molirena ha sabido ordeñarla. En efecto, debería llamarse Lotería de Beneficencia para el Molirena, pues le han sacado plata de mil formas: nombramientos, premios, poder, votos, viajes, favores, clientes, becas. En fin, han hecho de la LNB su banco y madriguera. Todo esto en la narices de un presidente de la República que no parece sorprendido, sino hasta complacido con el saqueo.

Rodríguez reveló que tiene a su esposa nombrada en la Lotería, pero eso no le basta. Quiso tener -sin éxito- libretas de billetes. ¿Es que se puede tener un alma más miserable que la de él? ¿Es que iba a vender chances en las puertas de la Asamblea? Solo falta que nos enteremos de que la Prado de la vicepresidencia la usa de Uber.

Admitió que gastan decenas de miles de dólares en boquitas -para sesiones virtuales-; que compraron de urgencia cortinas en plena pandemia; que tienen clínica de fisioterapia para ellos; que compran carros de lujo y que no han contenido los gastos porque no pueden hacerlo (¿?); que firmó una ley que es copy/paste de una legislación colombiana; que mintió en su declaración jurada de bienes patrimoniales pues tiene dos empresas constructoras, pero que su nombre no aparece en ellas.

No debemos olvidar que Rodríguez está en la Asamblea Legislativa gracias a nuestros votos, y que hace lo que hace porque no le importan ni los memes ni los chistes que hacemos de sus sinvergüenzuras; porque nadie irá a las calles a protestar; porque no hay quien lo investigue; porque el Molirena es parte del poder. Y porque sabe que nuestra sociedad está enferma de corrupción. Tito Rodríguez es digno representante de esa creciente masa que aplaude el juegavivo y se complace ante confesiones tan desquiciantes. Y es que después de haber gerenciado el Súper 99, Rodríguez aprendió los trucos para ser el político “exitoso” que es hoy en la Asamblea.


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