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Sábado picante

Sábado picante
Este viernes el Minsa informó que en Panamá se han aplicado 3 millones 418 mil 466 dosis de la vacuna anticovid. Agustín Herrera

Respeto las decisiones de los individuos. Si quiero respeto por lo que soy y hago, debo respeto al resto. Si alguien quiere creer que la tierra es cuadrada, está en su derecho, así como creer en la Llorona, en que la luna es de queso, que el rock es diabólico o que Mayín es una quinceañera, aunque todo ello puede ser debatido.

Tales creencias teóricamente no dañan a nadie, salvo la reputación del creyente, que, por lo general, se convierte en fanático, pero es su reputación, no la mía. Sin embargo, hay teorías descabelladas –al menos para mí– que sí pueden hacer daño a terceros. No deseo entrar en esa discusión porque no tengo ni tiempo ni espacio. No obstante, se avecina un debate sobre el derecho a no vacunarse contra la Covid-19.

El que no lo quiera hacer, es su problema, pero en este caso hay consecuencias –y muy serias– para el resto de la población. Las vacunas han demostrado gran eficacia contra enfermedades como la difteria, tosferina, polio, tétanos, hepatitis, neumococo, papiloma humano, influenza, etc. En Panamá, el cuadro de vacunación infantil, adolescente, embarazadas, adultos y adultos mayores es de los más completos.

Difícilmente alguien aquí carece de alguna de estas u otras vacunas. Y aún así, hay quienes no creen en su eficacia o piensan que envenenan o reducen nuestro sistema inmunológico, a pesar de que ellos son el vivo ejemplo de lo opuesto a su discurso. Pero ¿qué pasará cuando, habiendo vacunas para todas ellas, esas personas las rechacen?

En abril pasado, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que la obligatoriedad de recibir vacunas no viola ley alguna sobre derechos humanos y, de hecho, consideró su necesidad en una democracia. Igualmente, en varios países europeos hay legislaciones que reconocen el derecho de las personas a negarse a recibir tratamiento para sus enfermedades, siempre que no pongan en peligro al resto de la población.

¿Qué harán las autoridades cuando los antivacunas se nieguen a inmunizarse contra la Covid-19? ¿Qué harán cuando esa minoría exija su derecho y la mayoría exija respeto a su salud? En países donde el proceso de vacunación se acerca al 100%, se ha respetado su decisión de no vacunarse, pero su derecho termina donde empieza el de la mayoría.

Sus derechos han sido limitados en eventos concurridos, en comercios, transporte, restaurantes, estadios. Si aquí se decidiera respetar el derecho de no vacunarse y al mismo tiempo se adoptan medidas para prevenir el contagio –por ley o costumbre–, ¿la minoría con derecho a enfermarse respetará el de la mayoría a protegerse? ¿Se sentiría mal si le aplica la ley del cigarrillo? “Fume y enférmese usted, pero no enferme al resto”. Por ahora no hay recintos para los no vacunados, como para los fumadores, pero con el tiempo... Bueno, no creo que las vaya a haber.


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