OPINIÓN

Sábado picante

Por primera vez en muchos años estamos conociendo la realidad económica de la Caja de Seguro Social (CSS). Pero no es nada que ya no sospecháramos. Hace ya tiempo esta institución de salud se la dejamos a los políticos, que no han perdido oportunidad para fiestar -como siempre- con el dinero que todos los que trabajamos -incluidas las empresas- estamos obligados a depositar cada mes. Para ponerlo en pocas palabras, la CSS es un completo desastre.

A mi juicio, lo que hemos visto hasta ahora es solo lo que veríamos por una rendija, porque cuando se abran verdaderamente sus puertas, veremos el horror oculto tras sus paredes. Los empleados administrativos y de servicios médicos se han apoderado de la institución. Alguien me comentó que son más de 40 sindicatos, asociaciones y gremios que se amontonan en sus oficinas. Los diputados envían listas de adeptos -que no saben hacer nada, salvo adular- para que los nombren con salarios totalmente injustificados y sin funciones. En el mejor de los casos, botellas presenciales.

Los pacientes y jubilados, en la mayoría de los casos, son tratados como ganado camino al matadero. Pocos se preocupan por brindar un trato humano y millones de dólares se pierden en inventario medicinal; los programas técnicos de control, de ingresos, y muchos otros no solo han representado gastos inútiles, sino costosos. Parece que son los proveedores los únicos que le sacan provecho sustancial a esta institución.

Las licitaciones de medicinas son tan cotizadas que no terminan de adjudicarse sino años después de la convocatoria. Las enfermedades de los que menos tienen son un gran negocio para los proveedores de medicinas. El dinero corre a chorros para las empresas proveedoras, mientras los pacientes deben conformarse con lo que la CSS puede ofrecerles, que en muchos casos es insuficiente, incluso, inocuo para las enfermedades.

Hará falta plata para enfrentar el pago a los jubilados. Eso es un hecho. ¿Cómo hacer frente a eso? Los ensayos ya se han hecho en otros países que han enfrentado la misma situación. Uno cerca: Nicaragua, donde las medidas adoptadas por Daniel Ortega en 2018 fueron un fracaso: no solo tuvo que retirarlas, sino que provocó protestas masivas que han dejado más de 600 muertes y más de 5 mil heridos y una economía golpeada, además, por reformas fiscales para hacer frente a sus deudas con la seguridad social.

El gobierno tendrá que hacer frente a esa deuda, que no es poca. Algunos creen que en unos cuantos años será el equivalente al presupuesto general del Estado de un año. Y la deuda aparece en un año en que el crecimiento del país será bajo; cuando las deudas de proyectos sin estudios de factibilidad ahogan el presupuesto; cuando hay que hacer frente al pago de los proyectos llave en mano. En otras palabras, se acabó la fiesta. Nos duró poco y de ese auge solo nos quedan las deudas. Ahora a pagarlas. Quizás eso signifique más impuestos o un aumento en la edad de jubilación. Los políticos ya tuvieron y celebraron su fiestón... Ahora nos pasarán la cuenta.


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